Le doy por el culo a mi amiga la tetona

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 ¿Una fiesta? ¿Es real esto?

Rellene la uña de mi dedo gordo con el esmalte rosa embarrado en la brocha. Volví a meter la brocha en el esmalte para la siguiente uña en mi pie mientras sostenía el celular entre mi oído y mi hombro. Al otro lado de la línea solo escuché una risa entre avergonzada y divertida.

-¿Tiene algo de malo? ¡Creo que hay que celebrar la vida!

– Podríamos hacerlo en otro momento, ya sabes, cuando no estemos en medio de una cuarentena. No somos como esas personas siendo detenidos por tener una fiesta ilegal, ¿crees que quiero avergonzar a toda mi familia? Dios, no somos unos nacos.

– Ay, por Dios, hemos sido unas chicas muy buenas ¿no te parece?- dijo con coquetería al otro lado de la línea- Nos merecemos una fiesta. Rodrigo llevará…- empezo a susurrar- mucha droga y bastante alcohol.

– Nadia, ¿qué demonios? Ubícate, cariño, no vamos a hacer una fiesta de esa magnitud en este momento.

Empecé a pensar lo mucho que me estaba cansando de la actitud de mi amiga y en que la uña pequeña de mi pie estaba algo deforme así que me levanté del sofá y realmente pensé la idea. Lo cierto es que llevaba un mes de encierro y a pesar de las apariencias mi vida sexual siempre habia sido muy activa así que pensé que está fiesta sería genial para tener sexo y emborracharme un poco.

– Vamos, Mira, sé que quieres fiesta, hasta acá siento a tu vagina vibrar ante la idea.

Ugh, odiaba cuando podía leer mis pensamientos tan bien. Lo cierto es que había tenido anteriormente ciertos encuentros calientes con Nadia. Es que simplemente tenía una sonrisa radiante, una expresión de ángel y unas enormes tetas de infierno que me volvían loca. Pero era algo que no solíamos comentar estando sobrias.

-Por favor, Miraya, por favor di que sí. Será en la casa de mis padres. Esa en Coyoacán que tiene un montón de perímetro al rededor y un sótano amplio. Será ahí, lo tengo casi todo planeado, pero te necesito ahí. Por favor, haré lo que quieras, haré tus tareas de la próxima semana, di que…

Lo cierto es que me había convencido desde que había dicho la palabra “fiesta” así que acalle sus lloriqueos diciéndole que si.

Una semana después teníamos todo planeado. Rodrigo y yo llegamos temprano a la casa de los padres de Nadia.

-¿Y tus papás? ¿No están en desacuerdo?

– No podrán estarlo si no les digo lo que haré.

Arreglamos el sótano que en realidad era tan amplio como toda la casa y a pesar de que creía que todo saldría mal los invitados empezaron a llegar. La música no era estruendosa en nuestros oídos, pero era lo suficientemente fuerte para que se sintiera un ambiente similar a antro. Ya olía a sudor, humo y alcohol. Había luces de todos los colores reflejándose en las paredes. Definitivamente no me arrepentía de haber accedido a venir a la fiesta.

Nadia ya se veía tomada y lo cierto es que yo quería fumar así que le pedí que me acompañará para tomar aire. Salimos al primer piso y luego subimos al segundo y fuimos a la habitación de los padres de Nadia qué tenían una enorme ventana que dejaba entrar bastante aire fresco.

Yo iba vestida de colores pastel con una blusa muy corta y transparente y una falda que me tapaba solo un poco más allá de los muslos. Me había esforzado poniéndome medias y lencería porque el solo hecho de tenerla puesta me ponía caliente. Realmente me había esforzado en verme como una puta con unos tacones altos y maquillaje recargado. Y lo cierto es que Nadia no se quedaba atrás. Se había puesto un vestido diminuto que apenas y tapaba sus tetas, era por eso que sabía que no se había puesto sostén.

– Hace bastante calor a pesar de ser una noche tan fresca, ¿no? – jadeo Nadia mientras se sentaba en la cama de sus padres. Yo encendí mi cigarro y le di la primera calada.

– Creo que estas abochornada por el alcohol en tu sistema – y me rei de mi amiga mientras pensaba como llevaría la situación hacia donde yo quería.

Hablamos un rato acerca de cosas sin importancia y cuando termine mi cigarro me senté con ella. Aprovechaba cada que podía para rozar sus pechos y muslos con mis manos haciéndolo ver amistoso hasta que me preguntó:

– Entonces ¿qué opinas de mi vestido? No sabía si ponermelo o no, siento que enseña mucho…

Le toque la cara y le dije mientras la veía a los ojos:

– Creo que te ves espectacular, creo que te ves caliente.

Lo siguiente que supe es que la tenía encima de mi, con sus labios sobre los míos. Fue un choque brusco de dientes contra dientes pero rápido tome su cara por las mejillas de forma brusca para que abriera la boca. Metí mi lengua dentro de su boca mientras la tomaba del pelo y profundizaba el beso. Mi lengua no hacía más que empujar la suya, nuestras salivas se mezclaban. Jale su pelo echando su cabeza hacia atrás y luego volví a jalarle el cabello más fuerte.

– Eres una zorra muy rápida, cari.

La escuché gemir y la ví asentir así que me rei de ella.

– Me encanta cuando eres una regalada.

Empecé a morder su cuello. Daba una mordida y luego lamía. Nadia tenía una piel en donde los moretones se hacían fácilmente. Escuché un ruido afuera del cuarto pero lo ignore cuando empecé a bajar los mordiscos a sus pechos y con solo mover los tirantes de su vestido libere ambos pechos que salieron rebotando de su precario sostén.

– Eres como una vaca, ¿no te encanta que te llame así? Eres una cerda espectacular, nada más mírate, teniendo ese par de tetas tan grandes, parece que quieres que las exprima.

Empecé a morder el borde su teta derecha mientras que con mi mano derecha aún jalaba su cabello y con la izquierda pellizcaba su otro seno. No era delicada, pellizcaba y le daba vueltas a su pezón izquierdo mientras mordía y lamía hasta llegar a su pezón derecho y me lo metía todo a la boca para succionar fuerte. Vi como Nadia se estremecía y empezaba a llorar y maldecir

– Por favor, por favor, por favor…

– ¿Por favor qué, zorra estúpida? – retorci su pezón más fuerte- No pares de gemir, pareces una vaca que quiere ser ordeñada.

Mordí su pezón fuerte y ella grito, jale más fuerte su cabello. Sentía ya como mi chocha empezaba a chorrear. Los pechos de Nadia me prendían mucho. Los lami a intervalos hasta que me cansé de escucharla gemir. Pare de tocarla y me levanté de la cama, ví su cara llena de lágrimas y excitación. Le ordene que pusiera sus piernas al borde de la cama y que las abriera. Vi debajo de su vestido y le golpee un seno con la palma de la mano.

– Eres tan zorra que ni siquiera te pusiste ropa interior.

Ella solo se quedó ahí y yo me saque la tanga que para este momento ya estaba mojada por mis fluidos.

– Abre la boca, zorra – le ordene.

Ella la abrió y le metí mi tanga en la boca. Puso una cara de satisfacción total. Dioses, realmente me encantaba hacerle esto.

– Ahora vas a hacer esto, zorrita – le ordene que se quitará el resto del vestido y que se acostara en la cama. Su preciosa chochita estaba depilada y parecía relucir, estaba más mojada que yo.

Intentando no tocarla me subí sobre la cama y me puse sobre su cabeza con las piernas abiertas, me arrodille sobre ella, saque la tanga de su boca y sin decirle que iba a hacer puse mi vagina sobre su cara. Ella rápidamente me agarró por detrás de los muslos y empezó a lamer sobre toda mi raja. Sentía su lengua deslizarse entre mis labios, en mi clítoris, como intentaba adentrarse en mi. Empecé a cabalgar sobre su cara y a presionar más mi peso sobre su cara, intentando asfixiarla mientras más me excitaba. Empecé a apretar mis muslos al rededor de su cabeza cuando sentí que me venía así que ella incremento el ritmo de su lengua. Toda su saliva se mezclaba con mis fluidos, lamió y lamió y sentí como empezaba a dar mordiditas al rededor del clítoris. Antes de venirme le hice una advertencia.

– Si dejas de chupar antes de que yo terminé de venirme te va a ir muy mal.

Así que ella siguió. Lamió mi clítoris y sentí como uno de sus dedos se deslizaba dentro de mi mientras que ella empezaba a extender la lengua para lamer más de mi chocha caliente. Eso fue definitivo para mi, me hizo venirme en un minuto. Restregue mi vagina sobre su cara mientras me venía sobre ella, gritándole.

– Eres una puta zorra, Dios, eres tan puta, no pares, maldita vaca tetona. Solo eres un animal que sirve para sexo, si, si, si…

No paro de lamer por lo que prolongó mi orgasmo. Cuando por fin termine me tumbe a un lado para descansar. Cuando me recupere me levanté, con la ropa aún puesta. El vestido de Nadia, tenía un cinturón delgado que tome.

– Miraya, por favor, estoy muy mojada, déjame venirme – dijo necesitada.

Vi como desnuda abría sus piernas, pude ver su vagina abrirse, roja y brillante mientras empezaba a meter un dedo dentro de ella que se deslizó fácilmente, así que agrego otro y luego otro. Tenía tres dedos dentro de ella que movia de un lado a otro mientras se restregaba contra la cama. Tuve que jalar su cabello y bajarla de la cama para que parará. La avente sobre el piso y le dije:

– Voy a poner esto al rededor de tu cuello, iremos a la cocina y encontraremos la verdura más gorda que haya en el refrigerador. Las putas como tú solo merecen eso, tendrás una verdura gorda dentro de ti y solo porque fuiste muy buena hoy yo misma te ayudaré a meterla y sacarla de ti.

La vi ponerse en cuatro y menear la cola, le di un buen azote en el culo y me volví a reír de ella. Le puse el cinturón a modo de collar y empecé a caminar jalandola hacia afuera con ella detrás de mi. Todo estaba a oscuras.

La lleve así por las escaleras y hasta la cocina, no nos encontramos a nadie, todos estaban en el sótano. La dejé ahí mientras abría el refrigerador y buscaba en la caja de las verduras. Agarre la zanahoria más larga y gruesa que ví. Al menos unos 20 cm de larga y 5 cm de ancha. Me dí la vuelta y ví a alguien parado en la puerta. Cuando se acercó a la luz del refrigerador y lo reconocí. Era Rodrigo.

Me tense pero ví que Nadia meneaba más la cola así que lo tome de la mejor manera posible.

– ¿Qué estás haciendo, Mira? ¿Nadia? ¿Qué chingados?

Parecía alterado, así que respondí rápido.

– Saque a mi zorrita a pasear, necesitaba una verdura, verás que mi zorrita es una puta así que no se merece más que una verdura para satisfacer sus necesidades como el animal que es, es muy cerda, seguro que le gusta.

Rodrigo parecía confundido y volteo a ver a Nadia.

– Es cierto, soy una zorra. – le dijo Nadia- Puedo serlo contigo también…

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