Mis Alumnas las putitas

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Mi nombre es Fernando y os voy a contar una historia que me ocurrió con un par de alumnas de mi clase de matemáticas, Lola y Érica. Tenía 32 años, acababa de aprobar las oposiciones y me habían destinado al instituto de un pueblecito de Cuenca perdido en la Alcarria.

Desde la primera semana de clase ya me di cuenta de cómo era cada uno de mis alumnos, con lo que conlleva ser adolescente hoy en día…los había traviesos, introvertidos, empollones otros más torpes…. Entre todos destacaba Érica era toda una mujer. Medía 1,70, con ojos negros y una linda cabellera rubia. Tenía más pecho que cualquiera chica de su edad, y una sonrisa que quitaba el sentido. Las clases iban discurriendo con toda normalidad, pero Érica destacaba en todos los sentidos. Participaba muchísimo en clase, era muy inteligente y sobre todo, tenía mucha seguridad en todo lo que hacía. Por si fuera poco, estaba espléndidamente bella, su pelo rubio rizado, su piel blanquita, su ropa, y sobre todo su sonrisa. Por aquella fecha estaba sin pareja y vivía de alquiler sólo en un pisito. Érica me acompañaba en mis pensamientos todas las noches, me la imaginaba en clase, los dos solos, haciendo mil y una cosas juntos, besándola, agarrando esos tetas entre mis manos, besándola en sus labios, enseñándole cosas nuevas…, no puedo recordar cuantas noches me masturbé pensando en ella. Érica compartía pupitre y confidencias con su amiga Dolores… de perfil distinto al de Érica, era mucho más torpe en clase, la chica lo intentaba, pero le costaba muchísimo trabajo, se veía que iba a sudar mucho para aprobar mi asignatura. En lo que si coincidían era en lo físico. Dolores un poco más bajita, pelo moreno y pechos medianos, pero tenía un culo de infarto. Siempre que paseaba por la clase no podía dejar de mirar los milímetros de braguita que sobresalían entre su pantalón y su camiseta. Todos los chicos creo que coincidían conmigo, no le faltaba “buitres”, al acecho por sus  miradas.

Un fin de semana me decidí a dar una vuelta por aquel pueblecito. No tenía demasiado movimiento pero la gente disfrutaba lo poco que había. Salí con algunas compañeras del instituto, profesoras como yo. Sólo había una de ellas que me gustaba, Merche, una mujer de treinta y pocos años, más bien rellenita, pero con cara de muy viciosa. Nos quedamos solos y una cosa llevó a la otra….

– “Donde se puede estar por aquí tranquilos”,l e pregunté yo, queríamos un poquito más de intimidad…

– “Vámonos en coche al descampado que hay detrás de una fábrica, a las afueras”, me contestó ella.

No tardamos mucho en llegar, cuando cual fue mi sorpresa al ver llegar al mismo tiempo a Érica montada en un coche con un chico que yo no conocía. Muy disimuladamente esperé que el coche donde estaba Érica parara para ponerme a su altura, no quería perderme detalle de lo que ocurría en ese coche. Por nuestra parte Merche y yo empezamos a besarnos, un rollo en toda regla. Se sabía muy rica la profe, se veía que tenía mucha experiencia y que sabía hacerlo todo muy bien. Empecé por abrir su camisa, y ella no dudó en mostrarme toda su pechuga. Yo, casi por impulso levantaba la cabeza para intentar ver a Érica pero sin mucho éxito. Mis manos rodeaban a Merche, acaricié sus tetas de pezones enormes y oscuros…muy erectos y duros, los besé con mis labios, estaban duritos, los tenía un poco caídos pero ese pezón hacía las delicias de mi lengua. Antes de empezar a bajar pude ver a Érica en el coche de al lado, ¡¡Estaba medio desnuda!! Nunca olvidaré esa imagen, una chica de 18 años sobre el asiento trasero de un coche, con sus tetas al aire. Eran los más bonitos que había visto en mi vida, eso debía ser ilegal… eran redonditos, su piel era muy blanca, y tenía un pezón muy pequeño. Eso me excitó de sobremanera, empecé a sobar las tetonas de Merche con más ímpetu, mis manos bajaban hacia abajo hasta tocar sus braguitas. Cerraba los ojos y sólo veía los pechos de Érica. Le bajé un poco el pantalón a la profe y me hundí de cara en su coño, con poco vello y corto… muy rico. Ella mientras le comía el coño y su rica pepita, me apretaba la cabeza contra su vulva. Mis manos recorrían sus tetas, su vientre…

Merche se sorprendió de mi furor… – “¡¿Qué te han dado cabrón?! Te has puesto como un tigre”.

Nunca se podría imaginar que pensamiento tenía yo, cual fue la fuente de mi inspiración y de mi deseo. Quería ver más, así que levanté la cabeza pero no vi a nadie en el coche de al lado, me imaginaba que estarían por debajo de los cristales, lógico, para que nadie los viera. Finalmente los que le delató fue el movimiento del coche. No había duda, ese chico se estaba follando a mi dulce Érica. Me lo imaginaba atravesándola mientras ella se tocaba esos tetas tan hermosas… tenía una mezcla entre enfado y excitación que me desahogué con la pobre Merche, que no tenía ni idea de nada. De nuevo vi a Érica a través del espejo, y pensaba que Merche se podía dar cuenta de todo lo que yo levantaba la cabeza, así que cambié de táctica.

– “Profesora, mi polla quiere darte un besito…”, Merche sonrió antes mis palabras, y yo me salí con la mía.

Me volví a sentar en mi asiento, con lo que gané altura para seguir espiando a mi alumna, y Merche agachó su cabeza, bajándome los pantalones a los tobillos, sacándome la polla a punto de explotar.

– “Joder Fernando, que pedazo de tranca, y eso que todavía no te la he tocado”.

Merche no se podía creer lo que tenía a un palmo de su cara, unos 18 cm de cipote recio de unos 7 cm de grosor en la base, una verga dura surcada de venas que no paraba de soltar fluidos por el orificio de mi orondo glande… estaba enorme, pero lógicamente no solo por Merche, sino por mi alumna preferida, Érica y el morbo de tenerla al lado jodiendo ambos con sus respectivas parejas. Merche que se veía que tenía mucha práctica, ya se sabe que los profesores sin plaza, cada año estamos en un instituto diferente y solos, hacer amistad es casi obligado y una cosa lleva a la otra cuando estás en toda la edad de procrear… El caso es que no tardó en empezar a besar mi polla muy sorprendida y entusiasmada, tenía las venas a punto de explotar y a ella le encantó el nivel de excitación que tenía. A duras penas pudo introducirse la mitad de mi tranca, pero eso le gustaba. Yo mientras con mis manos, agachaba su cabeza, no quería que me sorprendiera espiando al coche de al lado. Ligeramente pude ver a Érica, tenía la impresión de que estaba cabalgando a ese chaval que estaría tumbado en los asientos traseros. Nunca me podría imaginar cómo se movía Érica. Se inclinaba hacia delante y su espalda se retorcía una y otra vez, levanté la cabeza al máximo y pude ver donde terminaba su espalda, movía el culo de miedo hacia delante y hacia atrás. Sus pechos bailaban al mismo son.

Merche se quiso incorporar pero no se lo permití… – “Merche, eres la mejor mamadora de pollas que conozco, sigue por favor ¡Te ganaría muy bien la vida de PUTA!”. Le dije a mi compañera mientras mi mente se ponía en el lugar del chaval que se estaba tirando a mi Érica.

Me imaginaba que ella estaba sobre mí completamente desnuda, cabalgándome, yo mientras acariciaba ese pezoncito con la yema de mis dedos, la apretaba al máximo contra mí, le acariciaba el culo…. No pude más,– ¡Aaarrrrr!, berreé como una animal en el instante en el que pensé, que quien me estaba comiendo tan maravillosamente mi tranca era Érica, y ahí me corrí como nunca. No le dio tiempo a Merche a quitarse y mi semen salió disparado como un misil, le inundé toda la boca. No hizo falta sujetar su cabeza para que no se apartara, porque esperó a recibir todos los lechazos que mi verga eyaculaba, se los fue tragando mientras pudo. Cuando la sacó de su boca se veía como chorreaba lefa por la barbilla, fue excitante al máximo.

Merche sorprendida por mi ímpetu se puso apoyada contra la puerta del cochea cuatro patas, se abrió de piernas y me dijo…– “Compañero ahora te toca a ti y hazlo bien, no te vaya a suspender”. Abrió las piernas y empezó a tocarse, estaba un poco húmeda. Mi boca empezó a besar su culito lamiendo su ano hasta bajar por su raja al clítoris, mis dedos empezaron a visitar su vagina, lástima que no podía seguir mirando a nuestros vecinos…– “Anda, a que no te imaginas a quien tenemos en el coche de al lado”, me dijo Merche.

Yo me hice el despistado como si no supiera nada, – ” Supongo que gente follando como nosotros”.

– “Si, pero a esa chica la conozco, creo que está en tu clase, estuvo conmigo el curso pasado, se llama…no lo recuerdo”. Yo seguía en lo mío, dándole unos buenos lengüetazos a su coño rasurado…– “Érica, eso, se llama Érica. Estas niñas están todas salidas, con la cara de inocente que tiene”.

A mí me daba absolutamente igual, yo estaba imaginándome que sería comerse el coñito de una niña de la talla de Érica. Me imaginaba que sería distinto al de Merche, mucho más rasurado, una piel más blanquita… exquisito. No me gustó mucho el comentario de Merche, así que le iba a hacer callar. Me puse de rodillas sobre el asiento y acerqué mi polla la boca de su coño…

– ” ¡¡Venga Fernando, termina lo que has empezado joder…!! ¡Fóllame!”, no sabía bien lo que le esperaba.

De una atacada se la introduje casi entera, y en una segunda solo me quedaron los huevos fuera aporreando su coño…– “¡¡No seas bestia,joder!”,eso le pasaba por bocazas, empecé a embestirla por detrás rápidamente, ella intentaba separarme un poco pero fue imposible.

En ese momento pude ver a Érica y al chico que estaba con ella vistiéndose, ella se estaba poniendo el sujetador, y en un movimiento rápido giró la cabeza mirándome… Me pilló infraganti, o mejor dicho, nos pilló a Merche y a mí cruzando nuestras miradas. Al percatarme de lo que ocurría, me encargué de bajar con mi mano la cabeza de Merche para ver bien a mi Érica y de paso someter a la puta de mi compañera gritando y exigiendo más rabo sin cesar. Mi alumna advirtió que era yo y avergonzada empezó a cubrirse sus bellas tetas con una camiseta. Yo le guiñe un ojo y ella respondió más serena. Se había sobresaltado, pero yo con mi gesto quise transmitirle que no pasaba absolutamente nada. Érica recuperó el gesto de su cara, se bajó la camiseta y mientras el chico se vestía ella se acarició las tetas en mi honor…dirigiéndose a mí con la mirada, envolviéndome con sus ojos…. y por último me tiró un besito de sus labios…. Esa imagen fue superior a mí…, le pegué tal embestida rápida a Merche que casi abro la puerta del coche del impulso, y sin más demora la clavé a fondo en su útero corriéndome como un degenerado cabrón, todo por culpa de la excitación por la imagen de mi Érica y sus preciosas tetas…

– ¡Mmmmm! ¡Toma toda mi lefa Merche! Se desplomó entre jadeos, en tanto le hizo adiós con la mano a mi alumna que se iba en el coche con ese desgraciado.

Al día siguiente en los pasillos del instituto Merche se mostraba muy contenta tras nuestro encuentro, pero yo no quise hacerle muchas ilusiones con nuestra. Mis pensamientos estaban en Érica, en esas tetas de ensueño que me había mostrado en aquel descampado, en esa manera de moverse, quería que fuera mía, sólo mía, daría lo que fuera. En clase todo seguía como siempre, los dos hicimos como si no nos hubiéramos visto. Pasó el tiempo y mi calentura por Érica no descendía,todas las noches me acostaba con esa estampa en mi mente. Llegaron los exámenes y Érica, como era de esperar obtuvo un notable, mientras que su amiga Dolores no corrió la misma suerte, obtuvo un insuficiente casi un aprobado.

Dolores al final de clase se dirigió a mí mientras le esperaba Érica…– “D. Fernando, me gustaría comentar el examen con usted y que me acompañe Érica, aunque ella ha aprobado, si no le importa.”. 

No era lo más normal, la nota estaba puesta y era justa, pero tal y como estaban esos dos bombones, cualquiera les decía que no, era la oportunidad perfecta para coger a Érica por banda, y de paso a su amiga, que estaba también de toma pan y moja, no tan guapa, pero con un culo que me volvía loco y unas tetas que tampoco se podían despreciar.

– “De acuerdo, os espero esta tarde en mi despacho”, dije intentando disimular la felicidad en mi rostro.

– “¿¡Esta tarde, creía que las tutorías sólo podían ser por la mañana!?”, me replicó Dolores.

– “Tienes razón, pero es que estoy muy mal de tiempo, y además así estaremos más tranquilos”, Dolores se encogió de hombros y me dijo que sí, quedamos para mañana por la tarde en mi despacho.

Esa noche no pegué ojo. Me imaginaba a las dos sobre mí “profesor, le gusta esto…, que quiere que le hagamos….”me masturbé un par de veces antes de conciliar el sueño. Al día siguiente por la mañana como siempre, un día igual que otros tantos, ninguno comentamos nuestra reunión para esa tarde. Me quedé a almorzar cerca del instituto y una hora antes ya estaba en mi despacho. Lo ordené, me cambié de ropa y me dispuse a esperar lo que fuera a ocurrir. Habíamos quedado a las 5 y eran las 5:45 y no apareció nadie.

No me lo podía creer, ¿Qué habría pasado? Cerca de las 6 llamaron al teléfono…– “D. Fernando preguntan por usted dos alumnas, las hago pasar”, era el conserje del centro que vivía una casita al lado del instituto la única persona que estaba por allí ese día, aparte de las limpiadoras,

– “Ok, déjele pasar por favor”. Me coloqué en mi silla, y esperé su llegada….

– “Se puede D. Fernando”, estaba nervioso, con mi edad, el corazón me latía muy fuerte, – “sí, pasar chicas”.

La tardanza valió la pena, estaban las dos preciosas…– “Perdone la tardanza D. Fernando, estuvimos arreglándonos un poco”, dijo Érica.

Una rubia y una morena, Érica y Dolores, muy distintas entre sí pero dos bombonazos. Iban con una ropa más ligera de lo normal. Érica llevaba una falda corta y una camiseta de tirantes, creo que no llevaba sujetador por los marcados pezones. El pantaloncito le quedaba de miedo, cortito y pegadito, unas piernas larguísimas, además iba maquillada tenuemente. Dolores iba con falda y una blusa, mucha más recatada que ella, era mucho más introvertida que Érica.

– ” Sentaros por favor”, las dos se reían mucho y a mí eso me gustaba. – “Bueno, quieres ver el examen, ¿No es así Dolores?”  Dolores no abrió la boca y bajó la cabeza, se puso muy colorada de pronto y no articuló palabra.

Érica cogió las riendas de la conversación… – “Mire D. Fernando, Dolores se ha esforzado mucho pero no ha tenido suerte con las preguntas”, puf, esa chica se expresaba perfectamente, yo estaba que iba a reventar, tenían unos dolores de huevos que me estaban matando.

– “Lo sé Érica, pero yo no puedo hacer nada por Dolores, debe esforzarse un poco más y participar más en clases”, dije acaloradamente. – “Bueno, y no se puede hacer nada… D. Fernando, estaríamos dispuestas a lo que sea…”. Puff como sonó eso, en ese momento les hubiera soltado una barbaridad, pero me controlé. – “Existen los exámenes extraordinarios, ahí podrá recuperar Dolores”, casi sin dejarme terminar me dijo Érica, – “Sí, pero entonces le castigará su padre y no podrá venirse de vacaciones conmigo, y a mí tampoco me dejaran ir sin ella, ni con su hermano Juan, sabe quién es, ¿no?, el chico con quien me vio el otro día…”. Casi me caigo de espaldas, Juan sería el chaval con el que pillé a Érica el otro día, y además hermano de Dolores… – “Bueno, podemos hacer un examen de recuperación en un par de días”, Érica me miró coqueta y me soltó… – ” ¿Y no podría ser aquí y ahora mismo…?”,– “Tal vez no esté preparada Dolores…” estaba esperando que ellas dieran otro paso…. – “Yo creo que sí, si me permite que le eche una mano…” – ” De acuerdo,,,” – ” D. Fernando, es usted un encanto, ¡¡No sé porque sale con la cascarrabias de la Merche, que bruja!!”, cuando me dijo eso Érica se levantó y se acercó a mí para darme un besito en las mejilla, – “Muchas gracias por todo, ven Dolores, agradécelo al profe”.

CONTINÚA…

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *