Mi perro Godo 1

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Mi nombre es Julia, vivo en una ciudad y como todos los días, salgo a trabajar a al centro como la mayoría de las personas. Tengo 29 años, soy de estatura media, argentina, delgada, blanca, pelo castaño claro largo lacio y de medidas normales pero muy trabajadas.

Me gusta el trabajo donde estoy y aunque soy fan de lo que hago, termino muy cansada a veces. Eso no quita las ganas de ir al gym, el cual hago regularmente a la vuelta de mi departamento.

Vivo sola y disfruto de la soltería. Hace ya un tiempo que mi querida vecina Laura (de 45 años), la cual tiene una pyme, anda preocupada por ver donde deja a su gran danés de nombre Godo.

Una tarde del fin de semana Lau toca mi puerta y como tenemos muy buena onda, la invito a charlar un rato, a lo que accede contenta ya que nuestras charlas son muy divertidas y ambas compartimos nuestras dudas, experiencias y sentido del humor siempre con un buen mate de por medio. Así como la hago pasar a mi departamento, veo que trae una bolsa enorme roja de Nike (mi marca deportiva favorita) y atrás de ella entra su mascota ¡Godo, el inmenso perrote!

Me encantan los perros y éste en especial, su pelaje es gris oscuro bastante brillante, el cual lo encuentro muy atractivo. Siempre fui una mujer que le gusta el contacto físico con personas y animales.

En la charla me cuenta que le salió un viaje la semana próxima en provincia y es importante que ella asista, pero que esta vez, su hija esta de vacaciones (mientras me habla yo juego un poco con Godo, es como un cachorro inmenso, le gusta el contacto humano y cuanto más lo acaricias más cariñoso se vuelve) y me pregunta si podría ayudarla con cuidarlo desde el lunes siguiente por la tarde hasta el domingo a la noche.

Antes que pueda contestarle, ella extiende la bolsa y me dice que si acepto, lo que hay dentro sería mió, ¡por sorpresa la calza nueva que le había dicho que quería comprarme estaba ahora entre mis manos! Con lo que le conteste que la iba a ayudar con Godo.

Llegó el lunes que debía comenzar a cuidar del gran danés gris. En el trabajo, a mitad del día laboral, hubo una falla importante en toda la cuadra con un transformador eléctrico y nos dejó sin luz, por lo que nos mandaron a nuestras casas y como la falla parecía grande y yo podía seguir trabajando desde casa, mi jefe dijo que me iba a informar cuando arreglen el tema y mientras quedaría haciendo home office hasta un tiempo indeterminado.

            Llegué a casa, me vestí deportivamente, e hice un peinado cola de caballo bien tirante, ya estaba lista para estrenar la nueva calza azul metalizada, ganada por acceder al pedido de mi vecina. La verdad es que nunca me había puesto algo tan provocativo para ir al gym y noté que se marcaba mucho el culote de encaje que tenía puesto, así que preferí cambiarme la ropa interior y ponerme una tanga negra de tiras finitas para que no se noten los pliegues. Así que me apuré y fui a hacer mis ejercicios.

            El gym al que voy es uno que asisto desde chica y me siento cómoda ahí, varios cargan al entrenador porque soy su preferida, y yo lo aprovecho. Él siempre me hizo sentir que soy como una pequeña prima y nos reímos con eso. Pero esta vez algo cambió y por sorpresa mía, las calzas hicieron la magia.

Como era más temprano de lo habitual, estaba casi sola, y veía como el entrenador no paraba de espiarme por los espejos. Empecé a hacer el último ejercicio llamado sentadillas, donde parada, pones los pies a la altura de los hombros y los brazos adelantados extendidos con las palmas hacia abajo, sacando ligeramente la cola hacia fuera. Héctor, el entrenador de cincuenta años, no pudo más y se acercó a ayudarme como nuca lo había hecho. Se colocó por detrás mió muy pegado, y sentí todo lo que tenía abajo de su short deportivo. Él tiene brazos fuertes y un cuerpo muy bien esculpido, me hizo bajar la cadera aun más y ya fue notorio su miembro creciendo, presionando entre mis glúteos, contra mi calza finita y nueva (el material azul dejaba sentir todo como si no tuviera ropa, amoldándose al contacto). Reí y aunque me calentó mucho la situación, pude escapar de la “explicación” de buena manera, terminar el ejercicio y volver a casa, no sin antes despedirme con un beso de mi entrenador preferido que ahora pude notar lo erecto que estaba su miembro.

Cuando volví toda empapada del gym, mi vecina ya estaba con las maletas y Godo en la puerta de mi departamento. Como habíamos acordado ella se despidió de lejos y con una sonrisa me dejó su celular por cualquier cosa.

Ya con Godo entramos y él no se separaba de mí, iba a la cocina y me seguía, saque una botella de agua y mientras me fui al living tenia un perro inmenso de sombra que se chocaba todo el tiempo con mis piernas. Vivo en un departamento de 3 ambientes y lo incité a que se aleje y husmee la casa mientras me sacaba las zapatillas, medias y prendía la ducha. Nada de lo que hacia parecía interesarle más que estar al lado mío.

Decidí que estaba bien, los perros me gustan y de chica teníamos varios, así que no me incomodó en absoluto y lo deje estar. Seguí sacándome la cinta del pelo, después me quité el bra deportivo todo empapado, y ahí Godo me laminó el ombligo, lo que me hizo reír y apartar. Él lo tomó como un juego y entre empujones divertidos se puso en dos patas y apoyó con mucha agilidad sus extremidades delanteras en mis hombros (¡que pesado estaba! Tuve que abrirme de piernas para no perder el equilibrio) quedando cara con cara hasta que mi cola encontró apoyo en el lavabo de piedra frío y húmedo por el agua caliente de la ducha (otra vez noté lo sensorial que era mi regalo). El gran danés quedó a mi misma altura y la verdad es que nunca había visto uno tan de cerca y menos desnuda de torso. Lo abracé como a un gran oso de juguete quedando oreja con oreja, sintiendo su pecho respirar en mis tetas. De cerca que estábamos, percibí el roce de su enorme prepucio justo por sobre la costura de la entrepierna de mi calza, una electricidad recorrió todo mi cuerpo haciéndome estremecer. Lo amarré fuerte con mi brazo izquierdo y con el derecho sostuve el equilibrio mientras me senté en el lavabo con las piernas aun más abiertas, empujando mi sexo hacia el suyo. Godo comenzó a frotarse en mi vagina de arriba para abajo. En un momento, su punta fina y dura golpea en la entrada de mi abierta cosita ¡de no haber sido por la calza y la tanga me hubiera penetrado en ese mismo instante!

Lo bajé, ya que me estaba costando sostenerlo y observé como su miembro ya había aparecido como un lápiz labial rojo y vigoroso. Fui sacándome la calza y la tanga (estaban muy mojadas) mientras Godo seguía empujándome con su cuerpo. Apenas pude sacarme toda la ropa, entre velozmente a la ducha con el perrote por detrás.

Noto al entrar que el tapón de la bañadera estaba puesto y como no tenía intenciones de hacer un baño de inmersión en ese momento, me agaché para quitarlo, y sin poder reaccionar, Godo se posa por arriba, pone su pecho en mi espalda, la cara de él aparece por un costado lamiendo mi cachete y siento algo caliente apoyarse en mi cola. Lo miré de reojo, el agua de la ducha golpeaba en su espalda y yo quedaba protegida por un aislante canino inmenso, que entre juguetón y cariñoso, me di cuenta que sus comportamientos estaban teniendo un patrón, ya que no me dejaba salir ni tampoco avanzaba más, él estaba esperando a que le diga o haga algo…

Ya conocía lo que eran los videos en Internet y sabía algo respecto al sexo entre ellos y nosotras, pero nunca imaginé que sucedería conmigo, eso puso mi cabeza sucia a maquinar con intentarlo.

No sabia cuánto iba a jugar, pero quería arrancar con algo. Así que tomé su cabeza enorme y mojada con mi mano, mientras nos dábamos besos y lo empujaba hacia abajo inclinándonos juntos, para poder usar mi mano más hábil (mientras levantaba mi cola) y aferrando uno de sus costados, lograr que su enorme verga que ya se encontraba hacia afuera, gruesa y roja quedara aprisionada entre mis nalgas y su vientre. Jugué moviéndome hacia arriba y abajo mientras Godo se mantenía quieto y sumiso (es probable que Laura lo haya educado más de lo que imaginé y si así era, entonces ¡a aprovecharlo!). Ya el agua por el tapón había empezando a subir, hacia un calor hermoso y me sentía muy excitada, así que empecé a tocarme y a hablarle a su oreja para que me penetrara. Cuando lo dije, Godo entendió y en seguida embistió, con bastante acierto, en mi vagina. Si no hubiera estado con los dedos me hubiera penetrado sin más, pero con mi mano llegué a frenarlo al notar lo descomunalmente enorme que tenia la verga ese perro ¡si eso entraba me iba a partir en dos! Cuando entré en razón quise darme a la fuga, tenia su cuerpo totalmente echado sobre mi espalda, y sus patas delanteras estaban por sobre mis hombros, quedando como encerrada en una celda gris que cada vez me apretaba mas contra el piso lleno de agua de la bañadera. Me arqueó como un acordeón entre sus patas delanteras y su cadera, que me envolvía por completa. Cuando mi cuerpo se fue de nuevo para atrás (por la fuerza de sus patas delanteras) puse mis manos en el agua para no caer, volvió a empujar su gigantesco miembro, que si no fuera por levantar la cola para arriba, su verga, que no paraba de lanzar golpes cual garrotes a mi entrepierna, se hubiera metido. Logré por fin pasar una de mis manos por debajo, mojándome toda la cara y el pelo que no dejaba ver, tanteé hasta agarrarle su miembro y cerré las piernas, para atraparlo entre ellas y que no me penetre. Godo empezó a hacer los movimientos de coito y yo casi ahogándome por el agua, noto que pasa sus patas por ambos lados de mi cuerpo y se aferra haciéndome una llave de lucha libre depositando todo su peso muerto sobre mi espalda. ¡Que suerte que voy al gym hace 3 años regularmente! porque pude sostenerlo aunque estaba de rodillas, con una mano en su verga y la otra intentando sacarme el pelo de la cara y los lenguetazos del apasionado Godo, mientras le daba con fuerza frenética frotando mis labios vaginales, abriéndolos de par en par, el roce estimulaba mi clítoris y se sentía tan bien. Lo mas importante en ese momento era que acabe él, ya que el agua empezaba a tapar mi cara y solo me sostenía con el codo, le pedí que acabe pronto, hasta que encontré un jabón que se había caído, lo agarre rápidamente y con mi mano ahora lubricada, sostuve su verga (la cual empezó crecer en tamaño) y a violarla por varios minutos, hasta que sentí algo cálido y pegajoso derramándose sobre mi mano y bajaba por mis dedos, su inmenso miembro no paraba de latir y eyacular. Lo estaba ordeñando y antes que se le acabe el semen, lo puse apuntando mi cosita golosa y le disparó chorritos calientes que gustosamente dieron “en la diana”. El agua de la ducha ya estaba con un color blancuzco abajo nuestro.

Lo solté y ahí se salió de arriba mío, yo no puede pensar en otra cosa que masturbarme en ese momento, entrándome todos los dedos posibles en mi ser.

Acabé varias veces.

Ya mas tranquila retiré el tapón y volví a llamar a Godo, esta vez, aprovecharía para bañarlo, si se iba a quedar una semana, lo quería limpio. Siempre me gustó que el perro pueda subirse a los sillones y a la cama, así que mientras esté limpio, estaba todo bien. Mientras lo bañaba pude ver su palpitante verga venosa y algo que me extrañó fue el tamaño descomunal de su nudo salido del capuchón, algo que debía investigar más adelante…

Más tarde, me puse un pijama de dos cuerpos de seda azul, que consiste en una remera muy corta y un mini short ajustado a las caderas pero suelto y cómodo, que dejaba tres cuartas partes de mi cola redonda y firme al descubierto.

La noche fue usada para conocernos y compartir espacios, comer juntos y hasta lo invité a mi cama para ver una película en Netflix antes de dormir.

Al arrancar la semana sabiendo que me quedaría en casa trabajando, sonreí cerrando mis ojos de largas pestañas y con mi nuevo compañero de semana roncando suavemente a mi lado, apague la luz sabiendo que el martes sería una gran danesa, digo, un gran día.

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