Tengo una amante maduro

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Les contaré un secreto: tengo un amante maduro desde hace 3 años.

El es mayor que yo por 21 años. En la actualidad tengo 48. Soy delgada, de cuerpo bien proporcionado y medidas perfectas 90, 60, 90. No soy muy bajita, mido 1,65 y me mantengo en buena forma pues soy instructora de Yoga y Pilates. Ojos color miel, piel blanca, cabello castaño oscuro largo hasta la parte baja de la espalda y ondulado. Él tiene 69 años, es también delgado y se conserva muy bien pues se ejercita bastante. Es alto, mide 1 metro 95 centímetros, calvo y con una barba siempre muy bien cuidada, abundante vello en su pecho y brazos, solo canoso arriba, de resto negro azabache. Es blanco de ojos color ámbar y muy apuesto y atractivo, tanto que, a su edad, aún las mujeres jóvenes lo persiguen. Trabaja en medios publicitarios y es muy conocido. Una figura pública en realidad.

Nunca me había fijado en un viejo, los viejitos para mí eran casi como niños, personas asexuadas o asexuales. Nunca hubiese creído que me podría fijar en un señor tan mayor.

Nos conocimos una tarde en una fiesta que daba una amiga en común. Como suele suceder hoy en día, la gente se conoce en las redes sociales y pues yo a él lo conocía por ser un personaje muy mediático pero resulta que él me conocía a mí por muchos amigos en común del mundo del fitness. Él me reconoció en aquella fiesta y me llamó por mi nombre, cosa que llamó mi atención. En persona era muchísimo más atractivo que en la tele y hasta se veía más alto. Una voz profunda y viril y esa elegancia al vestir sumado a un aroma varonil irresistible hacían que el viejo resultara sumamente sexy. Conversamos un poco y luego cada quien a su rollo. En un momento de la fiesta coincidimos nuevamente junto a nuestra anfitriona y algunos invitados y él nos hizo una invitación para su casa el siguiente fin de semana, que celebraría su cumpleaños. Al despedirnos me insistió en la invitación diciéndome que lo haría muy feliz con mi presencia.

Pasaron los días y olvidé por completo al viejo, hasta la mañana del día de la invitación, cuando mi amiga me llamó para preguntarme si iría al cumpleaños del viejito. No tenía ganas de salir, me había levantado temprano a hacer las compras para la semana y quería quedarme en casa para descansar pues habían sido días de mucha actividad. Pero mi amiga insistía hasta que me dijo que pasara por ella e iríamos juntas y no me quedó otra opción. Me di un baño y me coloqué un vestido negro corto. Tengo muy bonitas piernas y me gusta lucirlas. Dejé mi cabello suelto, me perfumé y fui a buscar a mi amiga. Ella estaba lista esperándome en su puerta y me indicó la dirección del vejete. Cuando íbamos en camino lo llamó y él le preguntó si yo iría a lo que ella contestó que sí, medio obligada pero sí iría. Yo la regañé por haberle dicho eso al viejito y ella se echó a reír. Llegamos y cerca no había lugar para estacionar por lo que la dejé en la puerta y yo me fui a buscar un lugar seguro. Cuando llego a la puerta él me estaba esperando, me llamó por mi nombre y me dio un sabroso abrazo, nada morboso, más bien paternal o así al menos lo sentí yo. Entramos y me presentó a sus hijas, de similar edad a la mía y a su esposa, una señora muy bien conservada y elegante al igual que él. Busqué entre la multitud a mi amiga y ella ya tenía un trago y una mesa reservada para las dos. Olvidé por un rato al viejo y me dediqué a conversar y relajarme cuando una mano grande y muy caliente se deslizó por mi cuello, acariciándolo de una manera electrizante que hizo que me estremeciera entera. Mi amiga se rió pícara y ruidosamente y él me plantó un beso en la mejilla sin dejar de acariciar mi cuello, todo permaneciendo a mis espaldas. Quería voltearme para mirarlo pero su mano en mi cuello me lo impedía. Entonces se puso de cuclillas junto a mi silla y su otra mano la colocó en mi muslo. Esta vez el “corrientazo” me estalló en la base del cerebro y en la entrepierna simultáneamente. Allí sí lo miré y él sólo me sonrió a lo que yo respondí también con una sonrisa. Desde ése momento sólo nos mirábamos de lejos y nos sonreíamos y yo ya había fijado que me lo tenía que coger pues, si con sólo una caricia me había puesto tan cachonda, había que terminar lo empezado y obviamente el vejuco me estaba seduciendo y tenía que llevarse su merecido por salido. Sólo pensé que ojalá él pudiera aguantar lo que le venía y no le fuera a dar algo mientras me lo cogía, je je.

De la fiesta nos fuimos de madrugada, no pasó nada más pero, al llegar a casa y revisar el correo tuve que arreglar ciertos detalles que me llevaron a entrar en la red social y, casi al instante de conectarme me llega un mensaje del viejo invitándome un café para el viernes. Yo le respondí que me encantaría y que mejor si en lugar de café era algo un poco más fuerte. Así que quedamos que el viernes nos veríamos. Él pasaría por el gimnasio al yo finalizar las clases. Me contentó que tomara la iniciativa ya que me ahorró el trabajo.

El viernes temprano me llamó para confirmar la cita y casi que la cancelo pues aparte de que estaba full de trabajo, ya se me había pasado el “encanto” y aquello de salir por ahí con un viejo de la edad de mi padre pues no me llamaba mucho la atención. Pero no lo cancelé y a las 6 en punto estaba enfrente del gimnasio en una portentosa camioneta negra de la cual abrió la puerta, muy caballerosamente, para que yo subiera. Ése día llevaba un vestido corto de flores azules y sandalias plateadas y mi cabello suelto y perfumado. Él estaba impecable, con una fina camisa de lino blanca y un pantalón negro, una boina negra y zapatos del mismo color y perfumado como las veces anteriores. De verdad que el viejo es muy atractivo. Pude notar como tres jóvenes chicas que estaban a la entrada del gym, lo devoraban con la mirada. Llegamos al lugar, una pequeña tasca muy íntima y acogedora, a dónde acudo frecuentemente con amigos. Resultó que el dueño es su amigo también y me pareció extraño que antes no hubiésemos coincidido en aquel lugar. Buscamos una mesita alejada y pidió una botella de vino. Brindamos y bebimos alegremente. Cada momento que pasaba me gustaba más y más el viejo. Él me acariciaba furtivamente las manos y el cuello y con sólo eso me tenía a mil. Cuando se dio cuenta que la botella estaba llegando a su fin se sorprendió y me dijo: “creí que no aguantarías una de vino” a lo que le respondí : “creo que el que no va a aguantar eres tú”. Él se sonrió maliciosamente y me tomó por el cuello y me besó apasionadamente. Yo metí mi lengua hasta su garganta a lo que él respondió agarrándome fuertemente un pecho y, buscando mi pezón, lo empezó a pellizcar por encima del vestido. Sentí cómo me mojé entera y busqué agarrar su miembro pero entonces repentinamente se alejó. Yo me quedé caliente y desconcertada y él, con una rara expresión en su rostro me dijo: “Hace un año me operaron de cáncer en la próstata. Me hicieron algo que llaman “prostatectomía radical” y desde ése entonces no puedo tener erecciones. No es que no te desee, es que no se me para ya. El médico me dijo que con una especie de terapia que me pudiera hacer mi esposa y con un medicamento llamado Cialis, podría recuperar el vigor, pero ella no está interesada. Dice que estoy mejor así” Yo me había quedado boquiabierta y ya iba a decir quién sabe qué tontería al respecto de su tragedia cuando él continuó: “Tú me has atraído desde hace tiempo, te veía en Internet a través de los amigos en común pero nunca creí llegar a conocerte hasta esa tarde en que te vi. Ahora bien, ya sabes que no se me para pero tampoco es que yo sea un muñeco en la cama. Puedo hacerte disfrutar como no te lo imaginas si decides pasar esta noche conmigo. ¿Qué me dices?” Yo seguía con la boca abierta y tratando de procesar toda la información. ¿Quién me manda a meterme con un viejo de ésa edad si todo el mundo sabe que a los viejos no se les para? Le dije que pidiéramos otra botella y algo de comer (así yo pensaba qué hacer). Su relato me dio lástima y quise ahondar en ciertos detalles. Le pregunté si sentía o si lo tenía dormido a lo que me respondió con vehemencia: “¡Siento! Es más, siento como si tuviera una potente erección pero cuando lo toco casi ni lo encuentro de lo chiquito y escondido que está” Dijo aquello y su semblante se ensombreció. Me dió pena haberle preguntado eso y quise cambiar el tema pero él continuó: “Los primeros tres meses tenía todo dormido del ombligo hacia abajo. Dormido. Me pellizcaba y no sentía nada. Luego despertó poco a poco pero nunca recuperó su tamaño de antes estando en reposo. Es como si me lo hubieran cortado por dentro. Ah, por haberme quitado la próstata no puedo eyacular pero si me hago la paja acabo normal, ¡lo difícil es encontrarlo para hacérmela! ” rió estruendosamente. Sentí mucha pena por él y decidí que le daría el mejor sexo que pudiera. No podía entender cómo su esposa no lo ayudaba. Así que yo misma llamé al camarero y ordené otra botella de vino y algunas cosillas para comer. Bebimos, reímos y comimos y cuando lo noté más animado lo besé nuevamente y le agarré ambas manos y se las coloqué sobre mis senos. Él intensificó la pasión del beso y empezó a follarme la boca con su lengua. Volví a mojarme entera y entonces le agarré una de las manos que magreaban mis pechos y la puse sobre mi coño. Él inmediatamente subió mi vestido y acarició mis muslos, rozando mi coño por encima de la tanga. Dejamos de besarnos y el me pidió que le agarrara el miembro o al menos, dónde se suponía que debía estar, todo mientras él apartaba la tanga y recorría con sus dedos mi raja, arriba y abajo. Yo puse mi mano en el cierre del pantalón pero allí no había nada que agarrar pero él dió una especie de bramido de placer cuando di un pequeño apretón en donde debería estar su miembro. Entonces de golpe me metió los dedos hasta el fondo del coño y empezó un mete y saca con aquellos dedos largos y gruesos que rápidamente me llevaron a un potente orgasmo que le dejó la mano empapada en mis jugos. Él sacó la mano de mi coño y se lamió todos los jugos que en ella le dejé. Volvió a besarme y me dijo “Vámonos”.

Salimos del lugar y en la puerta me besó y levantó mi vestido por detrás para agarrarme las nalgas y restregarme contra él. Se estaba masturbando conmigo y eso me encantó y también me calentó más el saber que desde el ventanal del restaurante, el dueño y el mesonero estaban viéndonos y viéndome el culo que ya tenía totalmente al aire pues me había enrollado el vestido en la cintura y me había metido los dedos en el coño desde atrás mientras me restregaba contra su miembro y se pajeaba con mi cuerpo. Intensificó el movimiento de sus dedos en mi coño y empezó a bramar, entonces me las arreglé y rápidamente le bajé el cierre, metí mi mano y agarré su paquete y lo empecé a frotar vigorosamente. Yo estaba tan excitada que acabé con un gemido y él al notarlo me metió los dedos hasta el útero lo que hizo mi orgasmo mucho más fuerte y prolongado y justo él bramó fuerte mientras yo aceleraba los movimientos de mi mano en su paquete y sentí las contracciones típicas del orgasmo masculino en mi mano. Nos quedamos cada uno con una mano en el sexo del otro un rato hasta que recuperamos el aliento. Aquello había sido muy intenso pero yo apenas estaba empezando… CONTINUARÁ

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *