de fiesta con mi alumna

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Esta es la continuación del primer relato. El primer encuentro entre Lucio y Blanca.

Sorprendentemente nos quedamos dormidos y ni ella tuvo prisa en irse ni yo en que se fuera. Al despertar desayunamos e hicimos un ratito de vida como una pareja normal, realmente no hablamos de nada interesante hasta que me preguntó por el baño, necesitaba una ducha antes de marcharse. Tenía intención de dejarla tranquila mientras se aseaba pero me llamó desde el baño y al llegar la vi desnuda. No pude soportarlo y el polvazo con el agua cayéndonos fue espectacular, no por las posturas o por cómo lo hicimos sino por las ganas que nos teníamos.

Después del sexo nos limpiamos de verdad, nos intercambiamos los telefotos y también quedamos en hablar y nos despedimos con un beso.

Cuanto estuve solo en casa me puse a reflexionar un poco sobre la situación, como todos comprenderéis no entraba en mis planes acostarme con una alumna y mucho menos lo sería mantener con ella algo estable. Ese día no hice nada, salí a comprar 4 cosas, también fui al gimnasio con mi colega Pablo y le puse al día de la situación.

Pablo era más alto que yo, sobrepasaba el 1.80. Además estaba fuerte del gimnasio y tenía el vicio como forma de vida. Bebía, fumaba, se ponía cada vez que salía… le daba a todo, ligaba con tíos, tías, trans… un absoluto vividor. Lo conocí currando en la noche mientras estudiaba, el era portero y yo camarero. Corrimos muchas fechorías juntos –que serán objeto de algún relato futuro- y formamos una gran amistas. Se dedicaba a administrar empresas familiares, realmente no se de qué, estudió ADE y Derecho (ya sabeís) y aprovechaba el trabajo para cazar pues el dinero o le hizo falta nunca.

Más allá de eso comentaros que preparamos una idea para la salida del fin de semana, haríamos botellón en un apartamento que él tiene para eso en el centro e invitaríamos a amigos y amigas de diferentes grupos, como siempre hacíamos. La idea de estas fiestas era conocer gente nueva y ampliar nuestro circulo, nos encantaba conocer gente de otras carreras y mundillos. Quedamos en eso y nos despedimos en el vestuario hasta el fin de semana.

Volví a tener clase esa semana pero nada reseñable, niñatos de primero y un nivel bajo. No supe más de Blanca en esos días excepto algún mensaje de WhatsApp para intentar tomarnos un café y hablar. No pudo ser así que le ofrecí que viniera a la fiesta si traía a algunos amigos a la fiesta, un máximo de tres y que no fueran de nuestra facultad. Se lo tuvo que pensar pero finalmente aceptó y para mi propia alegría iría con dos amigas de psicología, Pablo se puso muy contento con mi mensaje y me advirtió que nada con ella en su casa. El resto de invitados los consiguió él, chicos y chicas, seriamos unos 10, 4 chicos y  chicas.

Llegó el finde sin más novedades y desde las 8 de la tarde me fui al piso. Siempre lo hacíamos así, íbamos antes a acondicionar, limpiar, últimos preparativos y cenar algo tranquilos hasta que llegasen los invitados. Pablo me comentó que lo tenía hecho con un chico y una chica que venían, eran pareja y él era el tercero en sus encuentros. El otro chico era un amigo también de la noche en la ciudad, no somos grandes amigos pero nos llevábamos bien. Las dos chicas eran amigas suyas, no se a que se dedicaban, estudiantes imagino.

La pareja llegó pronto, Sergio y Claudia, tendrían como 25 años y parecían muy deportistas. Él iba demasiado elegante, con una americana desfasada para esa fecha y ella iba un poco recatada, muy poco sugerente; me extraño eso si ya tenían un trio organizado pero no era cosa mía.

Ambos tenían buena conversación y nos acompañaron al final de nuestra cena, los cubatas ya se contaban en plural y llegó el resto en tromba. Nuestro colega camarero, Toño iba casi de sport en contraste con Sergio y sus amigas, Elena y Elena iban como quinceañeras; sus vestidos les tapaban bastante poco, ajustados en toda su extensión, taconazos y la diferencia estaba solo en los colores, una de las “Elenas” era morena y e iba de azul, tenía bastante pecho y el vestido no le sentaba especialmente bien. La otra era de un rubio muy oxigenado, tenía los ojos claros y destacaba su culazo, el vestido era blanco y transparentaba un poco la ausencia de sujetador. Blanca llegó la último con sus amigas de psicología, iba discreta, un top blando de encaje que resaltaba su busto y unos pantalones pitillos que eran una segunda piel. Sus amigas eran Celia y Leti, morenazas de las que a mi me suelen encantar. Celia era muy bajita, 1.50 llevaba un mono rojo que le sentaba muy bien, tenía un buen par. Leti tenía más altura, una melena negra larga y una mirada muy penetrante, casi te daba miedo mirarla, iba vestida parecida a Blanca, su top era de un naranja muy fuerte y el pantalón corto, eso sé.

Después de muchas presentaciones y que cayesen cubatas, cervezas y chupitos varios la gente se animó, la charla en grupitos dio lugar a la música y al baile. La verdad es que yo soy un bailarín pésimo así que no lo intenté. La mayoría fliparon un poco cuando vieron a Pablo comiéndose la boca con Claudia en uno de los sofás, Sergio no tuvo inconveniente ninguno y en cuanto se dieron cuenta todo siguió sin mayor problema. Toño me llamó para acercarme a la cocina; rellenamos copas y quería meterse algo. Yo en su tiempo lo probé pero la verdad es que no le daba, así que decline su oferta. Mientras salía de la cocina me dijo que tuviera cuidado con Elena, no supe a cual se refería.

Mientras caminaba el pasillo me encontré a Blanca que tiró de mi hasta una habitación, por suerte no era la de Pablo.

-Lucio, estoy muy cachonda y me has ignorado toda la noche, cabrón.

+No te he ignorado joe, quería que disfrutaras y tuvieras tu espacio.

-He venido a esta fiesta por ti, ya lo sabes – decía eso bastante molesta-

Pude solucionarlo con un beso en que nos quitamos las ganas acumuladas, ella rápidamente dirigió su mano a mi paquete y tuve que pararla indicando que no podíamos hacer nada allí, que iríamos de fiesta con todos y ya después podíamos acabar en mi casa.

Salimos de allí y nos dirigimos juntos a la sala, en uno de los sofás seguían Claudia y Pablo, se les había unido Sergio. Propuse junto con Blanca ir a algún pub y exceptuando la pareja y el anfitrión todos nos pusimos en ruta. El camino se pasó rápido entre besos y meternos mano, el resto iban charlando, riendo y acabando los últimos cubatas. No se si era el alcohol o el calenton pero cualquiera de aquellas chicas me hubiera servido para acabar en la cama, las amigas de Blanca sobre todo, las “Elenas” me parecían un poco vulgares; me daba la impresión de que Toño acabaría con una de ellas, o ambas, la noche.

Aquel sitio estaba abarrotado y no cabíamos, así que entre que conseguimos pedir unas copas y hacer un poco de hueco nos plantamos casi en las 3 de la mañana. Blanca estaba en un modo muy guarro y yo tenía que aprovechar la situación para sacar provecho.

-Profe, esta noche me apetece hacerte todo – me decía al oído con algún pequeño mordisco

+Hoy seré yo quien te haga, tengo muchas ganas de follarme tu culito – le dije eso mientras me separaba e iba hacia la barra.

Ella vino detrás, conseguí hueco para ambos relativamente rápido y pedí unos chupitos de tequila, limón y sal. Cada uno tomó la sal del cuerpo del otro y el brindis fue, a mi indicación por el sexo anal. La verdad es que nos reímos mucho pero estábamos muy cachondos para esperar, salimos del local sin despedirnos de nuestros acompañantes. En la calle lo primero que hicimos fue comernos la boca, y parar el primer taxi que vimos, el trayecto no fue largo y el taxista me sonreía porque me sabía ganador en aquella batalla.

Subimos a casa y en cuanto cerré la puerta tras de mí empezó el juego.

+Quitate la ropa, no preguntes nada y quédate solo con las bragas –se encaminó hacia mi habitación mientras empezaba a quitarse prendas.

+Hoy quiero que seas obediente, estás ante la autoridad, te dije que no me llamaras profe y lo has hecho. Ponte en la cama a 4 patas cuando te hayas desnudado.

-Si, profe – se reía…

+Quiero que cuentes en voz alta los azotes que voy a darte, no voy a parar hasta diez, si no cuentas, empezaremos desde el principio.

El primero se lo di suave, quería sentir bien toda la carne de sus glúteos en mis manos, sus bragas aquel día dejaban poco a la imaginación.

-Uno – dijo con media sonrisa

Ahí supe que no quería medianías, el segundo golpe fue a parar a su nalga derecha, resonó en toda la habitación y le iba a poner el culo rojo.

-Dos- ya no se reía

Poco a poco fueron cayendo los diez, sus risas cambiaron por un tono de aguante, estoico. Me gustó mucho su actitud.

+Tumbate boca abajo- le dije cuanto la cuenta llegó a diez.

Me acerqué al baño a coger crema, realmente no le hacía falta por 10 azotes pero creía que le gustaría la sensación de saberse cuidada por mí. Al llegar me estaba esperando curiosa, le di un masaje rápido en su espalda y me centré en sus nalgas. Tras eso me termine de desnudar, aquella situación me tenía muy cachondo, agarré su pero para voltearla y le comí la boca como antes había hecho, quería volver elevar su temperatura de nuevo.

Segundos después mi polla estaba en su garganta y yo no era capaz de emitir palabra alguna. Cuando estaba cerca de correrme se lo hice saber, en vez de subirse siguió con su mano y su boca hasta hacerme descargar en su garganta, sin decirle nada se lo tragó todo.

+Sabes que ahora tardare unos minutos en estar listo, verdad?

-Preparate porque quiero que me dures mucho, además merecías un premio por lo bien que me has tratado

Pronto su mano estaba de nuevo jugando con mi rabo, se ensalivó bien para tener la mano húmeda. Cuando no pude aguantar más me hice cargo de la situación y me dediqué a comerla el coño. Sabía tan rico como ya lo recordaba, y sus gemidos no se hicieron esperar. Quizá no sea quien mejor come el coño del mundo pero os aseguro que con las ganas que tenía…

Quería que folláramos como animales, la pedí que se pusiera en cuatro patas y rápidamente estaba en su interior. No es mi postura favorita pero mis ganas hicieron que desde el principio entrase muy fuerte. Ella estaba encharcada, no paraba de pedir más fuerza para mis embestidas.

-Más Lucio, dame más… ahhh – gemía para que cualquier vecino pudiera escucharla

No podía parar de empujar mis caderas a su interior pero quiera hacer otras posturas. Me tumbe en la cama y ella se puso en cuclillas sobre mí. Sentir su coño, ya abierto por mí, era una sensación increíble. Estaba tan mojada que el flujo bajaba a mi cuerpo. Sostuve sus piernas para ayudar en su movimiento, su cuerpo caía contra el mío con mucha fuerza, ambos gemíamos.

+Túmbate, tengo muchas ganas de besarte- le decía mientras tiraba de sus pezones hacia mi pecho.

En ese momento sentí una gran conexión. Agarre sus muñecas para ponerla en su espalda, y con movimientos fuertes de mi cadera conseguí arrancarle el primer orgasmo, estando todavía debajo de ella. Descansamos unos segundos mientras se reponía del momento anterior.

Decidí que quería hacerlo en una de mis posturas favoritas, me puse sobre ella que previamente se colocó de costado, y desde esa posición empezamos con un ritmo suave. Desde allí llegaba a su pelo, sus pezones, su cuello y su culito, el cual intentaría abrir esa noche. En esa posición la conexión es también muy intensa y poder conectar sus ojos con los míos era algo que me encantaba. Seguimos así un rato y mis dedos jugaron con su boca para obtener saliva, la misma que utilicé para jugar con su culo. No sentí ninguna resistencia a mis dedos y sus gemidos eran más fuertes.

Después nos colocamos ambos de lado, hacerlo así me permitía morder su oreja y acariciar su clítoris. La conexión de esa forma es brutal y de ese modo llegó al segundo orgasmo, yo ya estaba cerca de llegar.

-Lucio, aunque también me gustaría prefiero dejar mi culito para otro día, si? – yo me moría de ganas de hacérselo pero desistí

+Tu mandas, aunque quiero que sepas que me dejas con muchas ganas – le dije casi gimiendo

No tardó ni un segundo en ponerse de nuevo sobre mí y ensartarse mi polla, empezó a follarme de un modo brutal, como si quisiera exprimirme.

+Voy a correrme – dije entre dientes

-Nooo, aguanta un poco cariño, quiero que acabemos juntos

Mientras saltaba sobre mi yo estimulaba sus pezones y ahogaba su cuello, cinco minutos después estábamos corriéndonos ambos.

Nos volvimos a dormir igual que el primer día, aquello no era para nada habitual…

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