Mi madre

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Un Relatoporno con ciertos detalles reales que me contó un lector. que al igual que yo le gustan los relatos eróticos

Todo sobre mi madre.

Desde que tengo recuerdos, la relación con mi madre siempre ha sido diferente. Buena en la mayor parte del tiempo, pero con épocas complicadas. Seguramente mi adolescencia y las hormonas revolucionadas no ayudaban mucho a que todo fuera fácil, más bien al contrario. Es una mujer muy cariñosa, y tremendamente protectora. De carácter fuerte y dominante, pero de trato muy afable y próximo. Sabía sacarme todo lo que quería saber, aun cuando yo me negara en rotundo a contárselo. Tarde o temprano, usando sus dotes de persuasión siempre lo conseguía. Yo intentaba hacer lo mismo con ella, averiguar todos sus secretos y lo que escondía en esa mente asombrosa.

Nací ya cuando mi madre tenía alrededor de los 30, bastante mayor para su generación. Con mi hermana me llevo doce años, así que a ella la tuvo bastante joven. Mi hermana se marchó de casa siendo muy joven, con mi madre no se entendían ni por asomo. Así que un día cogió los trastos y se largó sin casi despedirse. Hablábamos por teléfono a menudo, y un par o tres de visitas al año por vacaciones eran lo mejor. Con la distancia y al verse poco la relación entre ellas se suavizó, y con los años ha acabado siendo buena. Eso sí, siempre con distancia.

Mi madre, Carmen, es una mujer menuda. Bajita de 1.55. Con el pelo castaño, unos ojos verdes profundos que cambian con la luz del sol. Cuando te mira su mirada te penetra hasta el fondo, una mirada que enamora. De piernas delgadas pero musculosas, manos fuertes y hombros anchos. Un cuerpo perfecto para soportar el peso de sus enormes tetas y su potentes caderas y culo. Podríais pensar que es rechoncha, pero para nada. Es bajita, y muy tetuda, pero no gorda. Es una mujerona al estilo de las pelis italianas de Tinto Brass. Contundente, con poderío y muy sexual. Tiene una cara preciosa, que junto a sus hipnotizantes ojos la convierte en una mujer guapísima y muy muy sexy.

Sus enormes pechos son el sueño de cualquier hombre. Grandes, duros, rellenos y algo caídos por el peso, pero no fláccidos. Una maravilla de la naturaleza. Las aureolas acompañan al tamaño de sus pechos. Grandes, muy grandes, como galletas maría. De color marrón claro, y con unos contundentes pezones que aparecen erguidos y amenazantes siempre.

De pequeño me dio de manar. Bueno, de pequeño y hasta entradito en años. Hasta los siete u ocho años. Este era uno de los motivos de discusión con mi hermana, aunque yo no era consciente de ello en ese momento

Me encantaba estar amorrado a sus tetas. Era el mejor momento del día. Succionar esos pezones sin compasión, hasta sacar la última gota de leche era lo que estaba esperando todo el día en la escuela. No pensaba en otra cosa. Mi madre se sentaba en el sofá y abría esa bata abotonada que llevaba por casa. Era una bata ancha, cómoda y fresquita. Iba sin nada debajo, decía que los sostenes le molestaban todo el día, así que por casa prefería ir cómoda. Con esas enormes tetas sueltas, una delicia para mi vista. Se sentaba en su butaca preferida, abría los botones y se sacaba esas tetazas.

– Pepe, antes de hacer los deberes ven a merendar un poquito mi niño – me gritaba cariñosamente.

– Voyyyy mami!! – y salía corriendo por el pasillo como un poseso a tomar mi leche.

– Siéntate en mi regazo, y no me muerdas la tetita, que te veo gamberrete.

– mmm no mami.

ME sentaba en su regazo. Siempre tenía las piernas abiertas y me enseñaba sin pudor su hermoso y peludo coño negro azabache. Por aquel entonces todavía no mostraba mucho interés en él, lo veía cada día en la ducha y no me causaba curiosidad.

– Hoy la izquierda mi amor.

Me agarraba a su teta, y lo primero que hacía era sobarla, sobarla mucho con mis pequeñas manos. Estiraba suavemente su pezón, que ya era grande. Y cuando salía la primera gota de leche me lo metía en la boca. Primero lo estimulaba con la lengua, dándole golpecitos y girando en círculos. ME encantaba esa sensación del pezón enorme de mi madre en la boca que se resistía a mis estimulaciones por lo duro que estaba. Y ahí empezaba a sacar leche a presión. Tres chorritos incesantes que yo succionaba como un poseso. Mientras, con mi otra mano, iba estimulando el otro pezón. Iba jugando con él con mis dedos, dándole golpecitos y viendo cómo rebotaba hasta que sacaba leche.

Mi madre se quedaba medio traspuesta, me acariciaba mientras decía:

– chupa mi niño, toma tu merienda. Chupa todo lo que quieras. Así mi amor.

Y sinceramente creo que se corría una y otra vez mientras yo mamaba sin cesar. Ponía los ojos en blanco y daba suspiros ahogados cada vez que mis dientes mordisqueaban su pezón.

– Venga mi niño. YA está – me espetaba después de cuatro o cinco veces de tener los ojos en blanco y haber cambiado de teta.

– Esto no se lo cuentes a nadie. No es nada malo que mamá te de leche, al contrario, es bueno para ti. Pero la gente no entendería que un hombrecito como tú siga tomando leche de mamá. Es nuestro secreto mi amor.

Con el tiempo dejó de darme teta por la tarde y la noche. Sólo lo hacía por la noche cuando ya estaba en la cama. Y chupando teta me dormía como un lirón.

El momento del baño era siempre una fiesta. Ya había preparado la cena mientras yo hacía los deberes. Así que no había mucha prisa. Íbamos al baño, me desnudaba, y yo la desnudaba a ella. Que espectáculo de mujer. Es la más guapa del mundo. Me encantaba sobarle el culo dándole golpecitos.

– Tienes el culo duro mamá!

– JAJAJAJ Pepe que cosas tienes! Ya me gustaría que estuviera duro.

– Que va mamá, está súper duro.

Nos metíamos en la bañera y nos enjabonábamos el uno al otro. Todo. La cabeza, las piernas, por supuesto las tetas con las que aprovechaba para jugar. El culo, mi pito y el coño era lo último antes de salir. Le pedía que me frotase bien, ya que me gustaba mucho cómo lo hacía. Y yo con la esponja también le daba una buena enjabonada a su peludo coño.

Pasó el tiempo y el baño conjunto y la leche desaparecieron. Ya era mayor para esos juegos, pero ella seguía llevando bata e iba desnuda debajo. No le importaba mostrarse totalmente desnuda. Siempre había habido mucha naturalidad en nuestra desnudez. Eso no había cambiado. A mí ya empezaba a ponérmela dura cada vez que la veía. Estaba muy buena y mis hormonas echaban chispas. Yo ya debía alrededor de quince o dieciséis años.

Un día, sin ton ni son, le pedí que me diera leche. Quería su lechita.

– Que dices Pepe! Eso no puede ser. Ya eres mayor para eso. Tienes dieciocho años, hijo. Además, ya se me retiró.

-Va mamá, hace mucho que no me das, y me apetece un montón. Solo un poquito.

– No, Pepe, no puede ser.

– Va, mamaaaaa!!!, Joder!

Me dio un sopapo que me giró la cara. –He dicho que no impertinente! ¡Y no digas tacos!

Me fui a la cama con el mayor disgusto de mi vida. Jamás me había puesto la mano encima hasta ese día.

Ya tarde apareció por mi habitación. Estaba medio dormido y todavía dolido por la escena.

– ¿Hola mi amor, ya duermes?

– No – dije enfadado

– Perdona Pepe, no debí darte el cachete. No estuvo bien. Lo siento.

Me giré, y la luz de la mesita me dejó ver esa bata medio abierta que llevaba. Me incorporé y la abracé, poniendo mi cabeza contra sus tetas. Olían a leche!!! Joder, hacía años que no me daba, pero seguían oliendo a leche. Acerque mi mano y se la toqué por fuera. Su pezón estaba como una roca. No dijo nada. Entonces aproveché la situación y colé mi mano dentro de la bata que ya estaba entreabierta, alcanzando ese pezón que tanto ansiaba. Siguió callada.

Estuve jugando con el pezón entre mis dedos durante un eterno abrazo. Mientras, mi polla cobraba vida propia e iba creciendo más y más. Ya era un chico completamente desarrollado y mi polla ya era de tamaño considerable. Conseguí meterme el pezón en la boca y succionar profundamente un par de veces.

– ¡Para Pepe, para! Esto no está bien hijo. Ya eres demasiado mayor para tomar teta. ¿Lo ves? mira lo que pasa. – Dijo señalando mis calzoncillos bóxer que prácticamente no conseguían ocultar mi tiesa polla.

Sonrojado me tapé instintivamente el paquete.

– No te avergüences, es normal que te pase esto. Te has excitado y tu cuerpo responde así. Por eso mamá ya no puede darte teta. Ya te lo he explicado varias veces. A mí también me gusta, pero no puede cariño. Nuestro secreto seguirá siendo nuestro, pero eso se acabó.

– Vale mamá, lo entiendo. – dije avergonzado.

Me dio un beso y se fue a su cuarto. Y me tapé con la sábana y empecé a pajearme como un loco, con el sabor de la leche todavía en mi boca. Que delicia, que sabor, y que bien olía. Mmmm, la paja frenética me llevo a correrme en dos minutos. Pero la empalmada no bajaba. Me limpié, pero seguí de nuevo con la segunda de la noche. Y no iba a ser la última.

Siempre dormíamos con las puertas entreabiertas. Y era evidente que mi madre había escuchado mis jadeos al pajearme. Estaba en mi cama, con la polla en la mano todavía, y se escuchaba un ruido que no reconocía. La luz del pasillo estaba apagada, y solo había la luz de su pequeña lámpara de noche encendida.

Salí de mi cama sigilosamente y me deslicé como un ninja por el pasillo. Llegué a la puerta de su habitación que estaba entreabierta. Lo justo para que pudiera ver la escena si ser visto. O al menos eso creía yo.

LA cama de mi madre era de madera maciza. Con cuatro grandes patas que aguantaban el cabezal y los pies de la cama. Las patas de la cama acababan en una especie de piña gordota. Y allí estaba ella, en cuclillas. Con la piña metida casi entera en el coño. Tenía el cuerpo sudoroso. El coño chorreaba líquidos como una fuente. Los pelos de su rajara estaban empapados y la colcha tenía una gran mancha de humedad. Estaba como poseída. Dando golpes de culo para que la piña se clavara cada vez más dentro de ella. Un intenso vaivén que no cesaba, mientras sus flujos tampoco paraban de brotar. Tenía agarrada una de sus tetas con las dos manos. ¡Y se estaba chupando ella misma, se estaba mamando los pezones como yo lo hacía! Y chorros de leche le empapaban la cara mientras se relamía. En una de las embestidas de su culo la piña entró por completo, y casi desapareció la bola que le seguía. Gritó con un grito sordo de placer mientras se tapaba la boca y una fuente de flujo salía de su coño. En ese instante me corrí por tercera vez con un espectáculo tremendo de mi madre.

Por la mañana desayuné sin decirnos nada. Ella me dio un beso para despedirse, y me dijo.

– Pepe, te he dejado la cena preparada. Sólo tienes que calentarla. Esta tarde voy al cine al salir de la consulta. Igual llego algo tarde, sobre las 10.

– Ok mamá, que vas a ver? ¿Con quién vas?

-Con una amiga del trabajo. No sé cómo se titula la peli es una de amor.

Se marchó, pero me dejó tremendamente intrigado. No era la primera vez, es decir, lo hacía a menudo. Pero siempre que quería ver una peli en la tele me decía que no le gustaba el cine. No me cuadraba, así que decidí saltarme la clase de la tarde para ver dónde iba mi madre.

La vi salir de la consulta, ella era enfermera de un podólogo. Algo tremendamente aburrido, de eso no tengo duda. Estar viendo pies todo el día, que mal rollo. Lo extraño es que iba sola. Y lo más inquietante es que iba vestida diferente de como salió de casa. Muy ceñida, con un vestido negro que no había visto en la vida. Un escotado enorme que dejaba sus tetas medio desnudas por la calle. Y claro no llevaba sostén, quizás tampoco bragas.

Caminó tres o cuatro calles hasta llegar a Av. Pérez Galdós, y luego giró por la calle Cuenca. ¿A dónde iba? Ostias, no podía creérmelo. ¡Iba al cine X la muy puta! El taquillero la saludó, y pasó directamente. Así que seguro que la conocía de otras veces. Crucé la calle, miré en mi bolsillo, pero no tenía suficiente dinero. Dos euros justos para el bus de vuelta a casa.

Al llegar a casa llevaba un cabreo monumental, todavía no sé por qué, pero estaba cabreado. Mi madre en un cine X, esto es increíble. Me fui directamente a su habitación y empecé a registrar sus cosas. No buscaba nada especial, pero alguna cosa que me explicara lo que ocurría.

En el fondo del cajón de su cómoda había una caja. Tapada con sus bragas más sexys, las que llevaba cuando salía de cena con sus amigas. Bragas de blonda tipo tanga brasileño. Un despiporre verle el coño tapado con esas bragas. Hacía tiempo que no se las veía puestas, pero las olí. En la caja encontré lo que no esperaba haber visto. Un collar negro de piel, con tachuelas y una argolla, como un collar de perro vamos. Una especie de máscara que tenía una enorme argolla en la zona de la boca. Un enorme vibrador con el mango dorado. Lo encendí y eso era como un minipimer, cómo vibraba el jodido. Eso en el coño de mi madre debía montar claras! Dios yo la quiero ver jugando con eso. Por último, unas revistar guarras. Muy guarras. En ellas aparecía una mujer que me recordaba a ella por sus curvas y su coño peludo. Con cuatro o cinco hombres alrededor pajeándose. Llevaba puesta una máscara exactamente igual que la suya. Y un tío le follaba la boca. Jooooooder con mi madre! Pedazo putón que está hecha!

Sin pensarlo dos veces, lo guarde todo de nuevo. Y con mi tremenda empalmada me fui de nuevo al cine. Esta vez con dinero en el bolsillo para la entrada. Eso no quería perdérmelo otra vez.

ME planté nervioso en la puerta, y al pagar la entrada el taquillero me suelta:

– ¿Chico, tu tienes la edad?

– Pues claro que la tengo! ¿Qué te pasa, que no tienes ojos en la cara? – Le dije en plan borde. Y funcionó.

– Vale vale, pasa. No sé si sabes dónde te metes, pero pasa.

La visión al entrar en la sala A donde daban “Milf tetona, puta juguetona” era brutal

En la pantalla una mujerona follada a la vez por dos tíos, uno por el culo y el otro por delante. Y otros tres alrededor. Uno follándole la boca y los otros dos pajeándose en sus tetas. Tremenda película.

Lo mejor estaba por venir. Un corrillo de seis o siete hombres estaba al fondo del pasillo, justo delante de primera fila. Todos de pie y con los pantalones bajados. LA luz de la pantalla daba mucho juego. En el suelo, acuclillada se veía a una mujer, medio desnuda, con unas enormes tetas al descubierto. Todos se pajeaban, y uno de ellos le estaba corriendo las tetas. ME acerqué atónito, esperando no ver lo que era evidente. Era mi madre. Chupando todas las pollas que podía. ME acerqué lo más que pude, y me saqué la polla que estaba a punto de estallar. Pero no encontraba un agujero en el corrillo. Había codazos y patadas para ganar la buena posición y poder follarse su boca.

Di la vuelta y aproveché que a su espalda no había nadie. Me arrodillé y empecé a meterle mano en sus tetas, que estaban llenas de leche de todos los tíos del cine. Ella no dejaba de gruñir – Grrrra cabrón córrete ya, en mis tetas gggrrsss. Que pollón tienes vejete mmmm fóllame la boca aaahggggg.

Con mi mano izquierda empecé a tocarle el coño. No llevaba bragas y estaba muuuy húmedo. Mi polla se había corrido sola, pero seguía tiesa como un palo. Le estaba metiendo mano en el coño a la puta de mi madre en medio del cine x. Eso correaba flujos a cada embestida de mi dedo, en un momento dado soltó- Méteme más dedos cabrooonfffgggg- Y le metí otro, luego otro, cuatro dedos en su chorreante coño. Empezó a subir y bajar como hizo con la cama. Me estaba follando la mano. – Ahhhhhggggg que gusto cabrpooooon. Mas adentróoooo gggessss – Seguía chupando pollas frenéticamente. LE metí el pulgar y ese dilatadísimo coño engulló de golpe mi mano entera hasta la muñeca con una explosión de flujo, pis o lo que fuera al grito de – CABRONAZOOOOOO ME CORROOOOO AHHHHHGGGHHHGHH – paró un momento- Me quitó la mano de su coño y me estiró para que fuera delante de ella. Seguía de rodillas, con las piernas medio abiertas. Le acababan de correr la cara, así que tenía los ojos llenos de semen. Y me dijo

– Ven aquí manazas! Joder que manos tienes cabrón. Me la has metido hasta el estómago. Pero que corrida, todavía me salen chorros. Ponte aquí que te voy a dar la mamada de tu vida cabrón.

ME agarró la polla y se la restregó por la cara. Antes de metérsela en la boca- Menuda polla tienes nene. TE la voy a comer hasta que te deje los huevos secos. Nunca te la mamará nadie como yo. De esto te acordarás toda tu vida- Y se la metió entera y de golpe. Cada embestida de su cabeza llegaba más adentro. Hasta que llegó a los huevos. Y con la boca completamente llena de polla, sacó la lengua y empezó un masaje en los huevos.

– Diooossss que gusto so putaaaaa- Sigue sigue sigue. Ahhhhhgggghhh

– Grrs grrs Grrs grrrs. – decía ella.

– Ooooh no pares no pares. Sigue con los huevos. No pares. Zorra que bien la chupas so putaaaa… mmmmm Me corrrooo.

Los tres primeros chorretones entraron directos a su estómago, la tenía tan adentro que no llegó a tiempo de sacársela. Los siguientes en sus labios y sus tetas. Mientras decía.

– Que hijo de puta eres. Te has corrido tanto que casi me atragantas, cabronazo. Pero que polla tan buena. Quiero más pedazo cerdo.

– Toda la polla que quieras mamá. A partir de ahora serás mi puta.

Fin

espero que les gustara este relato xxx que nos mando nuestro querido lector

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