De abogada a puta

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Trabajaba de periodista, y tenía que hacer declaraciones de renta y demás rollos burocráticos por ser autónomo.

Un día se me liaron los papeles y busqué una gestoría. Pedí cita y el día acordado me presenté con una maleta de papeles para que me resolvieran el problema.

Era verano, y al llegar sudoroso al elegante piso de la gestoría, me recibió una preciosa secretaria. Ella estaba sentada en su mesa, rubia, con generosos pechos que asomaban atrevidos por el escote. Se levantó para llevarme a la sala de reuniones. Su minifalda de tela se le ajustaba por la raja de su trasero. Yo iba con un pantalón de lino, y me sentí un poco cortado por la erección que me supuso seguir a tamaña jaca, y fantasear con fallármela. Al llegar a la sala, ella se volvió hacia mí y me pidió que esperara a Cristina. Me miró al paquete y me sonrió. Al salir de la sala ella paso muy cerca de mí y su mano chocó contra mi mástil. Y me dijo “oh, vaya, hace calor, ¿eh? Siéntese y relájese, si no veré que puedo hacer….“  No pude articular palabra.

Mientras esperaba de píe, para ver si la sangre volvía a a donde debía, oí risas en el pasillo. Entró una chica preciosa, tanto o más que la anterior. 1,60, cuerpo contorneado 90-60-90, pelo castaño rizado, ojos verdes, labios generosos… un bombón. Ella iba con un vestido vaporoso corto. Y me miró al paquete con detenimiento. Si se me había estado relajando, esa mirada hizo que se disparara de nuevo. Y sonrió. Me propuso que nos sentáramos juntos para ver toda la documentación. “Uff, esto nos va a llevar al menos tres horas, y cerramos a las 6pm. Déjame que le diga a Marta, la recepcionista que ya conoces, que saldremos tarde”. Mi imaginación me hizo pensar que me iba a follar a las dos. Estábamos al mismo lado de la mesa. Me miré el paquete y la punta del mástil ya había mojado la tela, notándose una gota de mis fluidos. Ella se cruzó de piernas, y se arrimó a mi corriendo su silla. Empezamos a revisar los papeles, pero el roce de su muslo derecho casi sobre el mío izquierdo impedía que me bajase la excitación y pudiera concentrarme. Ella seguía revisando los papeles y yo pensando como follármela. En una pausa ella me miró el bultazo y luego a los ojos y me dijo: “voy a pedir a Marta algo para beber ¿qué te apetece?”. A penas pude decir que una cocacola. Ella respondió sonriente “¿seguro? esa bebida excita, y no podrás dormir”. Sentí como el glande se humedecía más, y la mancha húmeda crecía notablemente. Llegó Marta al rato, puso la bandeja con las bebidas en la mesa, y al hacerlo su escote se abrió completamente dejándome ver sus redondos pechos que apenas cabían en el sujetador. En esa postura sirvió las bebidas, en eso miré hacia el mueble que tenía detrás ella, y se reflejaba su trasero. La minifalda se había subido lo suficiente al reclinarse para dejar asomar su entrepierna, y la veía medio trasero al aire. Instintivamente me llevé la mano izquierda al paquete y me apreté el glande con fuerza. Cristina que estaba a mi lado vio toda la jugada y me miró como me tocaba por la excitación que me provocaba Marta. Por fin salió Marta de la sala. Cristina me preguntó por mi profesión, aficiones, si estaba casado, …. Charlamos un ratito sobre mí y luego pregunté por su vida. Ella me dijo que era soltera, hacía dos años que había empezado a trabajar tras acabar la carrera, que le pagaban muy poco, que hacía mucho deporte porque su aspecto era fundamental para ganar más dinero, … Entonces le pregunté si es que en esa gestoría solo contrataban bellezas. Ella me dijo que no, que la jefa era una señora mayor, y que pagaba muy mal, pero el trato con los clientes le permitía sacarse un sobre sueldo, sobre todo si eran empresarios como yo. Ya me dolían los huevos de la excitación, y no quería pensar que había querido decir, y seguí preguntando por los formularios a rellenar. Mi mano seguía sobre mi entrepierna, pero ella estaba aún más cerca de mí, y mi antebrazo estaba prácticamente apoyado en su muslo. Sentía su piel caliente, tersa, sin un solo vello, casi como de plástico. Cuando ya estábamos cargando los datos en el ordenador, ella me dijo contenta que salía a devolver, y me cogió con su mano mi antebrazo y tiró de él suavemente llevándoselo como sin querer hacia su regazo. Mi mano pasó sobre su muslo derecho acariciándola levemente, y cayó entre sus dos muslos. Entonces ella se arrimó a la mesa como para teclear más cómodamente y me pilló el antebrazo con la mesa, impidiéndome que lo retirara. Seguía ella tecleando, y mi mano estaba posada sobre su muslo izquierdo. Entonces ella descruzó las piernas y se arrimó más a la mesa. Sentí el calor de su entrepierna saliendo por debajo de la tela de su vestidito. Giré la mano y se la puse en la cara interior de su muslo derecho, ella no hacia ningún gesto de sentirse molesta. Al revés, sonreía mientras metía números y me decía que así saldría todo genial. Deslicé mi mano hacia su entrepierna, hasta notar sus braguitas. Giré la mano para tocarle el coñito. Sus bragas estaban muy mojadas. La tela estaba separada de su cuerpo y pude tocar con los dedos sus labios vaginales y explorar su rajita. Ella se mordió el labio inferior y gimió muy levemente. Me dejó un buen rato que la sobara el coño. Cuando mis movimientos eran ya más intensos, ella se separó de la mesa y miró hacia su entrepierna. Suspiró más intensamente. “No sabes cuánto me gusta que me toques así, pero creo que podrías darme una propinita porque tu estas disfrutando de lo lindo”. Le pregunté cuanto le parecía bien. “120  estaría bien”, mirándome como una corderita. Le dije que de acuerdo. Entonces ella me dijo que solo podía ser roce, sin penetración, porque no tomaba la píldora, y no se atrevía a más en la oficina. Ella me desabrochó la bragueta “Que ganas tengo de vértelo, con ese bultazo que tienes, debe ser enorme”. Con algo de dificultad me lo sacó al aire, porque estaba tieso como un chopo y el pantalón no dejaba sitio. Ella se cambió a mi lado derecho. “mejor así, puedo seguir tecleando con la derecha y con la otra correspondo a tus caricias, ¿te parece bien?”. Yo estaba encantado. “¿Puedo quitarte el tanguita?” “Si claro” Dijo ella. Se puso de pie, en frente de mí, y metiendo las manos bajo su vestido le bajé el tanga. Al verla su vientre y rosada vagina, le besé bajo el ombligo y fui bajando hasta meter mi cara en su entrepierna y besarle en la rajita. Olía dulce, y sabía también dulce. Eso me gustó, porque no soportaba olores fuertes. Ella me tomo de la cabeza y la empujó hacia su pubis. Estuve lamiéndola y besándola hasta que noté un aumento de su flujo y temblores en su cuerpo. Se estremecía del orgasmo.

Se sentó, y me dijo que debíamos acabar, y que Marta podría pillarnos así. Volví a meter mi mano en su entrepierna y ella me tomó de mi falo. Estuvimos acariciándonos y pajeándonos hasta que por fin ella acabó de cargar los datos y finalizar el proceso. “Ahora viene Marta con los papeles para que los firmes y el datafono para que pagues nuestros honorarios. La factura te la da al salir”. Hice como que retiraba mi mano, pero me dijo “no bobo, nos arrimamos a la mesa, ella no verá nada”. Al poco entró Marta con los papeles, se puso a mi izquierda, quedándose de pie, pero recostada sobre la mesa. Su cadera estaba apretada contra mi hombro izquierdo, y sus pechos colgaban justo sobre mi mano izquierda. “Tienes que firmar aquí, y aquí, …. y aquí”. Me dio un boli. Tenía dos dedos dentro de la vagina de Cristina. Y decidí firmar con la izquierda. Al ir a coger el boli ella se reclinó más, y mi mano y sus pechos chocaron. Tomé el boli y firme mientras ella se apretaba más contra mí y me sujetaba los papeles. Al retirar los papeles, me di cuenta de que la mesa era de cristal, transparente, y se veía la mano de Cristina agarrándome el pene. Marta debió verlo, y al retirarse se le cayó el boli bajo la mesa. Yo no podía moverme, ella dijo “no te preocupes, ya lo veo yo”. Se agacho poniéndose a 4 patas y se metió bajo la mesa y se puso entre mis piernas. Veía su cabeza avanzar entre mis piernas a través del cristal. Cristina entonces lo giró hacia Marta para acercárselo. note sus manos sobre mis muslos y un ardor húmedo abrazar mi glande y envolverlo. Su lengua acariciaba mi pene mientras empezaba a succionar. Cristina seguía frotándome el tallo como exprimiendo el jugo. Ella se me aproximo y me dijo “córrete, ¿no tienes ganas? Llénale su boquita” Respondí que preferiría follarlas. Ella me dijo que hoy no. Otro día quizás. “¿tendrás un detalle con ella también verdad?” Afirmé como pude, mientras la comida y la paja eran más frenéticas. Por fin eyaculé justo cuando tenía mis 18cm dentro de la boca de Marta.  Mi semen debió llegarle al estómago a presión. Marta tosió al sacárselo, porque casi se asfixia por el incremento del grosor de mi rabo. Cristina seguía sacudiéndolo para que saliera hasta la última gota que Marta lamía con avidez. “no tengas miedo, ni una gota te mancha el pantalón”, y sonrió con malicia. Marta salió de debajo de la mesa y se fue al baño a limpiarse. Cristina hizo lo mismo. Me quede solo en la sala, alucinando, con los trámites a mi favor, y satisfecho por el sexo. Me vestí, recogí los papeles y salí al pasillo. Ellas salieron también del baño. Me besaron cada una en una mejilla, llevando sus labios hacia los míos. Les cogí de las nalgas y las apreté contra mí. “Ha sido supe morboso, si quieres más, podemos vernos háblame por wasap. Yo solo doy masajes sin penetración. Marta hace todo lo que le pidas. Podemos estar las dos juntas si quieres. Ya sabes, la horita a 120 e cada una”. Pagué con tarjeta, y les dejé 100euros sobre la mesa de Marta.

Salí a la calle aun alucinado, no me creía lo que acababa de pasar. Quería subir y follarlas. Respiré hondo y me fui a buscar el coche al parking, si recordaba en que planta lo había dejado…

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