Mi perro Godo 3

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Sígueme en instagram: @babykarelvis

Hola de nuevo, me llamo Julia, tengo 29 años, soy de estatura media, argentina, delgada, blanca, pelo castaño claro largo lacio y de medidas normales pero muy trabajadas.

Resulta que mi vecina dejó a mi cuidado, su hermoso y enorme gran danés gris de nombre Godo. Al inicio de la semana tuvimos un problema en la oficina y nos mandaron a hacer home office hasta que se solucione el problema.

Luego de haber recibido a Godo y bañarlo por la noche (relato 1), desperté el día siguiente (martes) por la mañana, teniendo dificultades para ponerme a trabajar (relato 2). Mi nuevo compañero de departamento me había estado cogiendo intensamente y aunque no nos abotonamos, fue algo hermoso. Sin tiempo para más, tocaba trabajar.

Mi jefe había estado insistente por la mañana para que me conecte a la primera reunión del día y yo había hecho todo lo posible para llegar lo menos tarde a mi puesto de trabajo. Sabrán por mi relato anterior, que la voluntad la tuve, pero no era una excusa que podía utilizar para justificar mi tardanza.

Era obvio que mi día laboral había empezado con el pie izquierdo, y ahora tendría que remar más de lo que ya venia haciendo en el mes. Godo era un perro y no lo podía odiar por lo que hizo, me había dejado llevar y ahora tenía que afrontar las consecuencias…

Comienzo del tercer relato

Vestida cual secretaria sexy (describo mi ropa en el relato 2), luego de colocarme los anteojos de marco azul oscuro (típico de secretaria), atar mi largo pelo con un rodete y ajustar la silla a una posición cómoda (tengo una silla gamer que me quedó de mi última relación), la cámara arrancó a transmitir la primera reunión. Me sonrojé cuando Damián, mi jefe, preguntó por la tardanza. Entre risas pude esquivar sus dudas, pero como no soy buena mintiendo, di lugar a algunas cargadas sexuales de mis compañeros, poniéndome aún más nerviosa. Al cabo de un rato de risas incomodas comenzamos a trabajar. Demostré con el correr del día, como siempre lo hago, que soy digna de ganarme el salario y aun mas, la suba de dinero que había pedido hace ya un mes atrás.

Terminando la última reunión de la tarde, Florencia, antes de desconectarse, dejóen evidencia, el pelo de perro y manchones claros en varias partes de mi blusa. La luz de sol entrando por la ventana del living dejaba ver claramente todo lo que mi enemiga había observado y eso me dejó helada por unos segundos.

Damián había dado por finalizada la reunión pero quería seguir conmigo un poco más, para ultimar detalles. De repente preguntó por el gran danés que había entrado al living. De la cocina, Godo apareció cabizbajo y se dirigió debajo del escritorio donde me encontraba trabajando. Tuve que apartarlo un poco con mis piernas hasta que se echo sobre mis pies descalzos.

Le expliqué a mi superior, que había quedado a cuidado del perro de mi vecina y continuamos trabajando.

Finalmente habíamos terminado el trabajo del día. Con Damián hablando de temas informales, me quité los lentes y estiré los brazos, la espalda y por último las piernas. Eran ya las seis de la tarde, cuando siento la inmensa cabeza de Godo deslizarse entre mis piernas. La pollera roja se había levantado de nuevo hasta la entrepierna, dejando expuesta mi depilada vagina. Intentando seguir hablando por la aplicación como si nada, sostuve su cabezota aprisionándolo con mis muslos mientras lo apartaba sigilosamente sin lograrlo.

Insinuando que me rascaba las piernas, luché por debajo de la mesa como pude. Al ver lo insistente que se volvía, no tuve mas remedio que desistir y dejarlo lamer antes que se note su presencia. Abriendo mis piernas, arrimando aún más la silla al escritorio, me aferré fuerte de la mesa e incline mi cuerpo hacia adelante. Expuse ante la cámara mi escotada blusa tratando que mi jefe se distraiga entre mis pechos, cosa que sucedió.

Escuchaba sin prestarle atención mientras Godo me daba un increíble sexo oral, con su robusta, larga y rasposa lengua. Finalmente, cortamos la conversación y entre que se apagaba la cámara, con una sonrisa socarrona, él se señaló un costado de su camisa y luego me señaló el mismo costado a mí, siguiendo su índice pude distinguir el manchón más grande de semen seco con pelos de Godo que tenia sobre mi blusa.

            Sin importarme nada, inmediatamente después de apagar la aplicación, me puse a gozar de una buena vez con mi amante canino. Inclinando el respaldo de la silla hacia atrás, apoyé mi espalda quedando semi acostada, agarrándolo con las dos manos por su cabeza mientras lo acariciaba y estimulaba con mis uñas largas y pintadas de rojo. – ¡Por fin solos! Exclamé al aire.

Me encontraba extasiada con los ojos perdidos hacia el techo, gimiendo descontroladamente. Después de un tiempo hermoso, acabé dos veces seguidas convulsionándome por completa.

Al mirar el reloj de la pared, noto que se me hacía tarde para ir a la clase de spinning. Finalmente lo aparto, pero en vez de irse, se para en dos patas, y avanza sobre mí, lamiéndome el cuello finalizando en mi cara. Apoyó sus patas delanteras plegadas sobre mi abultado escote, haciendo presión sobre mis hombros, recostando todo su cuerpo sobre el mío. Intenté frustradamente, levantarnos haciendo fuerza con mis brazos y abdominales. -Para Godo, no tengo tiempo para más. Le decía.

Quedó su cuerpo recostado entre mis piernas abiertas. La punta gruesa de su pene se apoyó en la entrada de mi vagina abierta y humeda. Al hacer contacto entre nuestros calientes sexos, moví mis caderas hacia arriba esquivándolo justo cuando Godo comenzó el movimiento clásico de coito mientras comenzaba a aparecer en todo su esplendor su enorme verga. Rasguñando con sus patas delanteras mis hombros, intentando penetrarme, dándome varias estocadas en mi ano y vagina sin lograr penetrarme. Con cada embestida empujaba la silla de rueditas alejándonos del escritorio, quedando en varias oportunidades muy cerca de clavármela. Al ver lo que hacía, mientras recostaba su cara en mi hombro, le pasé mi brazo izquierdo por sobre su cuello y con mi mano derecha le sujeté la punta de su gruesa y venosa verga, sosteniéndolo para que no me penetrara, frotando su macizo tronco por sobre mi entrepierna. Le estaba haciendo una paja. De su enorme verga escurría pre semen mojándome la mano, pollera y cinturón. Restregándose frenéticamente, comienzo a salirle su gigantesca bola de carne. Golpeando de lleno todo el orificio de mi vagina abierta con un ruido semejante a una sopapa entrando y saliendo, explotando de placer en cada envestida mi empapado clítoris. Comencé a gemir. Invadiendo el living de nuestros aromas sexuales y sonidos húmedos, comenzó a soltar sus primeros chorros de semen caliente sobre mí. Mientras lo pajeaba, abrí mi boca y exhalándole aire caliente sobre su oreja izquierda para que me mire, le solté el cuello arañándolo levemente y empujándolo suavemente con el hombro hacia arriba. Se irguió apoyando sus patas delanteras en el respaldo inclinado de la silla. Hicimos un fuerte y largo contacto visual mientras le acariciaba el robusto pecho gris. Me incliné hacia adelante con mi cara lo más cerca posible de sus ojos marrones, mientras chorreaban gotas de saliva en el interior de mi escotada blusa –Así godo, marca a tu hembra en celo. Le pedía excitadamente mientras comenzaba a hacerme la paja con mi mano libre.

Sin más, eyaculó mientras me lenguetaba la cara recibiendo un pestilente beso canino con mi abierta boca. De excitación, quise saborear su semen con mi golosa cola. Flexionando mis abdominales, elevando la cadera bien alta con las rodillas dobladas atenazando su robusta grupa, introduje los dedos de mi mano libre al fondo de mi vagina y con la otra guié su dominada verga hinchada borboteando espesos chorros de semen caliente hacia mi sedienta cola. Quedé empapada en el transcurso. Fue dejando un rastro enorme mientras despedía chorros de semen violento sobre mi cuello, luego dejando grandes manchas blancuzcas en el escote y blusa, pasando por mi cinturón y pollera roja. La punta de su gloriosa verga quedó golpeteando la entrada de mi cola, deslizándose abundante semen por entremedio de mis glúteos haciendo un charco entre mi espalda y el interior de la levantada falda de lyca roja. –Quieto Godo, así buen chico. Le decía mientras lo sometía a mi voluntad.

Ya sin sorprenderme de su adiestramiento sexual, Godo quedo inmóvil y aproveche para apoyar las puntas de mis pies descalzos sobre el borde del escritorio de de la pc. Haciendo palanca hacia arriba, dirigí mi pomposa cola introduciendo hasta donde pude, su palpitante y puntiagudo miembro centímetro a centímetro, largando sus últimas cargas de semen pegajoso y espeso en mi interior. Acabé intensamente.

Caí exhausta sobre el respaldo de la silla, con la boca abierta, mientras Godo se bajaba para relamerse su monstruoso miembro salido por completo del prepucio.

Seguí en la misma pose un rato más, acariciándomela con los ojos cerrados, apoyando mis pies en el borde de la silla exponiendo mi ano sobre el asiento de la misma. –Vení cielo, limpia la cola de tu vecinita. Le dije de forma calentona.

A lo que se acercó y comenzó a comerse su propio semen, extrayéndolo en parte, mientras estimulaba con mis dedos por última vez a mi chorreante vagina.

Al pararme y ver el reloj, ya no llegaría a la clase de spinning, pero al menos iría a hacer aparatos que el entrenador Héctor me había enseñado. Parándome lentamente de la silla, goteando por todo mi cuerpo el viscoso semen de Godo, le di un beso en el hocico y fui a ducharme solamente el cuerpo, dejando la empapada y pegajosa blusa, pollera y cinturón en el cesto de ropa sucia. Noté el reflejo del espejo mientras se calentaba el agua de la ducha, y me encontré sonriente, sonrojada, notando como una gota gruesa y espesa de semen se escurría entre mis senos, llegando a mi chato vientre. Quise sacarme la duda del sabor que tendría su semen. Haciendo un cuenco con mi mano lo sostuve y elevé a la altura de mi cara dejándolo caer escurriéndose entre mis dedos sobre mi boca. Es muy parecido al semen humano, un poco salado y algo amargo.

Ya en el vestidor, me puse ropa deportiva sencilla el cual constaba de un culote violeta oscuro y un corpiño deportivo de algodón negro de tiras cruzadas en la espalda. Arriba me puse un conjuntito gris de remera corta holgada que deja ver mis abdominales marcados, y short ancho que sostiene muy bien la cintura, sin dejar escapar nada. En los pies, medias cortitas y zapas deportivas. Me até el pelo con el clásico peinado cola de caballo bien tirante y salí dejándole a Godo comida y agua en la cocina. –Portate bien que vuelvo en un ratito. Le dije mientras cerraba la puerta con llave.

Llegando al gym, saludé a Héctor y me dirigí a hacer la rutina. Ésta vez tuve que cambiar el orden del día, ya que hoy tocaba una clase a la cual, como sabrán, no pude asistir. Desde los ventanales del gym a la calle se podía ver en frente, a varios pisos de altura, la ventana de mi dormitorio y cada vez que descansaba entre ejercicios miraba suspirando para ahí, esperando ver asomar a Godo. – ¿Estás bien Juli? Me susurró el entrenador al oído, muy pegado a mis espaldas, tomándome del hombro. Me sonrojé. Apartándome de él tímidamente le contesté negativamente con la cabeza, volviendo a retomar los ejercicios. Apuré la rutina para volver cuanto antes a casa, estaba realmente cansada y necesitaba abrazar a Godo con locura, sentía que estaban empezando a brotar sentimientos de extraño ¿amor?

Para salir del gym hay que pasar por un angosto pasillo, donde habitualmente se encuentra Hector. Secándome la cara de transpiración con mi pequeña toalla, me acerqué al entrenador para despedirlo como es habitual, pero esta vez me sujetó del brazo y me arrimó contra su entrenado y fibroso cuerpo haciéndome apoyarle mis sudorosas tetas, que con el corpiño deportivo se sienten más el contacto de los pezones. Me arrimó su miembro a mi chato vientre al descubierto y pude sentir lo dura que la tenía. Bajó su cara y la acercó a mi oído: ¿salimos el viernes?  Sinceramente con Godo en casa toda la semana, no me interesaba nadie más, así que le dije que no podía pero que si quería podríamos salir el viernes siguiente.

Al ir subiendo en el ascensor del edificio, me latía fuerte el corazón, quería llegar cuanto antes. Al llegar a casa, nos vimos, besamos y abrasé cada vez q lo tenia cerca. Me duché esta vez sola, no quería volver a secar y perder tiempo en eso. Al llegar la noche, me volví a poner el pijama de dos cuerpos de seda azul, que consiste en una remera muy corta y un mini short ajustado a las caderas pero suelto y cómodo, que dejaba tres cuartas partes de mi cola redonda y firme al descubierto. Nos fuimos a dormir juntitos y lo abracé hasta que nos dormimos profundamente.

PD: Gracias por los mensajes de todos ustedes, espero poder recibir más que el segundo relato. Saludos y hasta el 4to relato! Si llego a más de 10 mensajes, habrá 4ta parte jiji. No sean timad@s.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *