Mi Perro Godo 5

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Hola de nuevo, me llamo Julia, tengo 29 años, soy de estatura media, argentina, delgada, blanca, pelo castaño claro largo lacio y de medidas normales pero muy trabajadas.

Luego de la reunión a la cual asistí con mi jefe en un lujoso hotel, me encontraba totalmente extasiada, producto del alcohol y la pastilla que me había dado Richard. Julio, el chofer de la empresa, había tenido claras instrucciones de dejarme en mi departamento, el cual llegamos a eso de las 23 hrs. Mi cuerpo estaba con una necesidad imperiosa de moverse, caminar, saltar, bailar y coger. Decidí sacar a dar un paseo a Godo, manteniendo mi ajustado y corto vestido de fiesta, cambiándome los zapatos por unas zapatillas deportivas negras, por si tenia que hacer fuerza en el camino. Aproveché también para quitarme los aros y la tiara de la cabeza.

Dejando la cartera y el celular en casa, sujeté a Godo mostrándole el spray con agua mientras me acercaba para ponerle la correa por sobre su cuello. Entregándose dócilmente, lo até y salimos del departamento.

Cerrando la puerta, quise poner las llaves bajo la alfombra de la entrada, pero al inclinar levemente mi cuerpo, Godo se montó en seguida, abrazándome por las caderas, introduciendo por debajo de mi corto vestido de fiesta, su miembro salido y puntiagudo. Exitada como estaba, lo sostuve apoyándome contra la puerta y levanté mi cola, para sentir su miembro frotar mi tanga de leopardo por sobre mi vagina. Su verga se encontraba dándome estocadas furiosas a mi entrepierna, levantando mis talones con cada embestida. Comencé a menearle la cola de manera juguetona, dejando que su miembro golpee de a momentos en la entrada de mi ano – ¡Ay! Godo ahí no. Le decía provocativamente.

Quería volverlo loco y demostrarle quien era la que mandaba de los dos, así que mirándolo de costado incliné mí cabeza hacia la cara de Godo, apoyando mis labios en su oreja y cerrando mis ojos para sentirlo mejor. De tan cerca que lo tenía, aproveché para darle un besito y haciendo a un lado la micro tanga, lo dejé actuar. – Un poquito nada más eh. Le advertí de manera pícara.

Poniéndome en puntas de pie para ayudarlo, me arrimó contra la puerta cerrada del departamento, penetrando vigorosamente mi vagina, partiéndome al medio. En ese momento sentí por primera vez que nos encontrábamos haciendo el amor. –Así mi vida, se siente rico. Le susurraba al odio mientras salían gemidos tímidos de entre mis labios.

Comenzó a metérmela en el pasillo cada vez más rápido y profundo, haciéndome inclinar más y más a medida que me embestía profundamente. En esos momentos mi cara se encontraba expresando todos mis sentimientos del momento, con las mejillas coloradas, mi boca abierta con la lengua estirada y ahora mis ojos desorbitados. Estábamos unidos teniendo un  ritmo sexual hermoso. – Así Godo, dame dale. Le decía en voz baja mientras me cogía.

Lo dejé metérmela un rato mientras mis piernas temblaban con espasmos sexuales, hasta que sentí su bola golpear mis labios vaginales. –Basta mi amor, ya está- Y con la fuerza descomunal producto de la droga que llevaba en sangre, le sostuve su miembro hasta extraerlo centímetro a centímetro de mi juguetona vagina. Lográndome escapar de sus poderosas patas, rasguñándome aun más mi cintura, tiré la llave al piso y la pateé en dirección a la alfombra mientras corría divertida hacia el ascensor por el largo pasillo con el perro persiguiéndome. – Ah, bien Godo, vamos a pasear.

En el ascensor mientras pensaba en la reunión más alocada que había tenido en mi vida, siento una lamida por debajo de mí corrida tanga directo a mi vagina. Godo seguía caliente, a lo que le abrí las piernas, apoyándome en el espejo del elevador y lo volví a dejar actuar. – Comeme ahora. Le ordenaba mientras íbamos bajando a planta baja.

Al llegar lo aparté y abrí la puerta, por suerte se olvidó por completo, se ve que tenia muchas más ganas de salir que otra cosa. A lo que saludo nuevamente al seguridad y sosteniendo fuertemente a Godo, nos dirigimos directo al primer árbol de la vereda. Como imaginaba, se estaba haciendo pis. Luego de eso, acorté la soga de la correa para tenerlo mejor controlado. Sabiendo que Lau, su dueña, es una mujer mayor de menos fuerza que yo, estaba segura que podría dominar la situación.

Si bien fue complicado el paseo de principio a fin, lo pude lograr. Solo se complicó cuando pasamos por en frente de un kiosco, en donde se encontraban comprando cigarrillos dos varones de mi edad que sin miedo se acercaron a acariciar a Godo. Al parecer lo conocían del barrio y mientras me hablaban, veía como me miraban de pies a cabeza. Uno de ellos me rodeó mientras el otro sostenía a gran danés, a lo que noté mi vestido subido mostrando la parte baja de los cachetes de mis nalgas y me lo bajé como pude mientras le decía al perro de seguir. Cuando nos empezamos a alejar, con la correa más suelta por dejarlo acariciar, Godo tiró tan fuerte que me hizo inclinar y tomar una postura atlética para sostener su avance y no caer, pero al arquear mi espalda hacia adelante, levanté mi vestido y estoy segura que les regalé una vista completa de mis nalgas blancas en tanga con el triangulito minúsculo aleopardado.

A medida que nos acercábamos a mi edificio, comencé a sentirme caliente sexualmente, le miraba constantemente su gran prepucio y se me aflojaban todos los agujeros, sobreexcitada  lo quería ya adentro mío.

El ascensor estaba averiado y teníamos que subir cinco pisos por las escaleras. En el edificio donde vivo, las escaleras se encuentran al lado de los ascensores de ingreso a cada piso y girando un recodo, por cada piso, hay un largo pasillo donde se encuentran las puertas de los respectivos departamentos. Al lado del los ascensores se encuentra un pasamanos de concreto para la escalera. Un poco mareada y a los tumbos, me emocioné por llegar rápido al departamento. Al subir el tercer piso, comencé a levantarme el corto vestido por delante y corriendo la tanga, metí los dedos en mi húmeda vagina. Necesitaba tener sexo con Godo cuanto antes, mi tanga estaba empapada y mis pezones se encontraban duros y parados. Al faltarnos un piso, borracha y caliente como estaba le jugué una carrera por el último tramo, sacando mis dedos mojados de mi sexo y empujando su hocico para comenzar a subir primera, quedé adelante sacándole ventaja.

Alcoholizada como estaba, tropecé con el primer escalón, amortiguando la caída con mis brazos y rodillas, quedando expuesta a mi macho alzado. En seguida sentí un lengüetazo sobre mi tanga que se asomaba por el corto vestido. La cabeza me daba vueltas pero la sensación de tener la lengua de mi macho era más fuerte, así que, bajé la tanga hasta las rodillas, incliné mi cabeza sobre un escalón, y me entregué. –Así mi cielo. Le decía en voz alta, haciendo eco en el pasillo del cuarto piso.

 Me estuvo saboreando con su lengua un buen rato hasta que no pude más y comencé a levantarme el diminuto vestido y con mi mano, cacheteé con fuerza mi glúteo derecho pidiéndole a Godo que me monte en ese instante. –Dale, no aguanto más. Le pedía en la escalera.

A lo que comenzó a avanzar sobre mí, con su cuerpo y a montarme. Lo ayudé con mis manos a que se aferre bien de mi cintura y le arrimé mi cola, esperando caliente y predispuesta a que me folle. En el forcejeo comienza a pincharme por toda la cola y la vagina pero no logra atinarla, entonces estabilizo mi peso sobre mis rodillas, inclino mi cuerpo hacia la derecha, saliendo mi torso por debajo de Godo y paso mi brazo izquierdo sosteniéndome por su robusto cuello. En su desesperación por penetrarme, su pata delantera izquierda se traba en el escote de mi vestido, dejando una de mis tetas al descubierto. Otra vez me había rasguñado profundamente en un costado de mi cuerpo, pero ya no me importaba, quería sentirla cuanto antes. Mirándolo a los ojos en la penumbra de la escalera, me sostengo con su cuerpo y amarrando con fuerza su verga, que no paraba de darle pinchazos a mis nalgas, comienzo a dirigirla dificultosamente a la entrada de mi vagina. Entonces le sujeté el prepucio para guiarlo, haciendo que su verga entera saliera eyectada por mis dedos mientras empujaba con todo su cuerpo por sobre el mío. Tuve que ejercer mucha presión con mi mano guiándolo hacia abajo, para que por fin, con un movimiento extra de cadera y una cintura totalmente arqueada me la meta de un pijazo hasta el útero. ¡Oh! Exclamé tan fuerte que automáticamente cerré mi boca para amortiguar los gemidos que querían salían descontrolados. Mientras me daba con locura, nuestros cuerpos chocaban fuertemente haciendo el sonido típico de nalga contra caderas, sumado al fuerte respirar de Godo y mis gemidos sordos. Cuando siento su bola hacer tope contra mi mano. –Me vas a meter la bola por fin. Pensaba en mis adentros, comenzando a aflojar mi mano para dejarle libre acceso a mi vagina.

Inoportunamente, escucho a un vecino del cuarto piso, abrir la puerta de su departamento. Por la disposición, no me encontraba a la vista del pasillo, pero al parecer, el ruido que hicimos con Godo había traído inquietud o curiosidad. – ¿Está todo bien? Dijo el hombre sin salir de su casa.

Sin decir una sola palabra, solté mi brazo del cuello de Godo y aparté con mi mano su verga a medida que empezaba a subir lentamente en cuatro patas la larga escalera. – Estoy bien, solo me tropecé. Le dije instintivamente.

El hombre pareció decidido a salir mientras Godo, ahora libre, se encontraba aforrándose y rasguñando con sus patas delanteras a los costados de mi ajustado vestido, embistiéndome con su enorme verga suelta golpeando en la entrada de mi cola, enredándose, de a momentos, con el diminuto triangulo de mi tanga. Con el movimiento de mi pierna derecha al subir el siguiente escalón, la posición benefició a Godo y empujó con tanta fuerza y ganas, que me la metió por la cola muy rápido y de improviso con bola incluida, obviando el hilo dental de la micro tanga. – ¡Ay!- Un sonido de exclamación involuntario salió de mi boca y avance con más velocidad gateando ahora, cerrando mis ojos llorosos, comiéndome la comisura del labio inferior, aceptando todo su miembro en mi recto, mientras hacia todo lo posible por no hacer más ruido. Ensartada como estaba, arrimé fuertemente con mi mano la grupa de Godo para que se pegue aun más en mi cola y cesen los ruidos de sus embestidas. –ah…estoy bien…- le dije intentando controlar mi voz – ay…el ascensor no funciona…ah- El dolor era intenso y comenzaba a sentir chorros de semen caliente en mi interior. – …y tuve que…- me costaba mucho hablar sin gritar ni gemir, pero tomé aire nuevamente y continué la frase mientras aprisionaba con mas fuerza a mi amante canino sobre mí – … subir por las escaleras, estoy bien, muy bien – Godo pegado a mi espalda estaba subiendo conmigo como si fuera un acoplado, imposible de destrabar. Escuché que mi vecino volvía a su departamento murmurando algo y eso me tranquilizó. Ya en mi piso, comencé a gatear por el pasillo hasta la puerta de mi casa mientras Godo me daba una y otra vez sin parar.

Mi cola estaba totalmente abierta recibiendo descargas de inmenso placer, abriéndose más y más con cada gateada-embestida. –Godo… mi cola, más despacio por favor. Le pedía mientras pasaba por la puerta familiar de mis vecinos más cercanos.

En 4 patas llegamos a la entrada de mi puerta, y fue ahí cuando Godo, recostado totalmente sobre mi espalda, apoyando su cabeza en mi hombro derecho, eyaculó el chorro de semen más fuerte y caliente de toda la noche, aflojándome por completo, haciendo que pierda la fuerza de mis brazos, cayendo mi cabeza sobre mi alfombra. El cuerpo de Godo se deslizó por mi espalda a punto de caerse hacia delante, pero de repente un fuerte dolor en mi ano aguantó su caída haciendo tope y levantando aun más mi cola violada. Sosteniéndose de mí con su enorme pija abotonada quedamos unos segundos eternos en esa posición. – Está bien Godo, vos dominas la relación. Le dije aceptando mi destino mientras caían lágrimas de mis ojos por la presión desgarradora y excitante.

Como pude, fui sacando la llave de debajo de la alfombra lentamente, mientras seguía llenando mi cola de semen minuto a minuto. Latía su enorme verga y mi recto se contraía una y otra vez, hasta que logré llegar a la cerradura y abrir la puerta.  Fue en ese momento donde Godo se desmonta quedando cola con cola con todo mi cuerpo dentro de mi casa y él en el pasillo. Entonces gateé hacia mi lado, y sosteniéndolo como pude, lo metí adentro amarrado desde la pija. Lo fui corriendo hasta poder cerrar la puerta y por fin ahí descansé varios minutos, ya tranquila. Con la calentura a mil, comencé a tocarme y a hacerme la paja más recordada de mi vida, moviendo mi cola de arriba hacia abajo para sentirla todavía más. – Ahora sos mío, no te voy a soltar hasta que amanezca. Le dije extasiada.

Acabando cinco veces, después de incontables largos minutos, con mis rodillas adoloridas y mi cuerpo agotado, su bola comenzó a deshincharse hasta que de un tirón contundente, se desabotonó de mi cola ¡PLOP! saliendo de mi interior un río de semen que cayó ruidosamente en el suelo creando un charco blanco-oscuro transparente increíble. Recuerdo que no tuve fuerzas para más y quedé dormida con la cara en el piso hasta que el sol de la mañana entrando por el ventanal del living me despertó. Godo se encontraba dormido al lado mío roncando, y parándome como pude, me dirigí a mi somier y me desplomé sin más.

Fin del 6to relato.

Nota de autora: Amo los mensajes de todos ustedes, espero poder recibir más en el próximo. Si llego a 25 mensajes, habrá 7ma parte, en mi día libre con Godo. No sean timad@s. Sepan que como ustedes esperan mis relatos, yo espero sus comentarios con las mismas ganas. Los quiero, lamidas a tod@s en donde más les guste.

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