La Mama de mi Amigo

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 ¿Recuerdas cuando me preguntaste en quién pensaba cuando me masturbaba? —le pregunto.

— Si Beltrán, lo recuerdo, tal vez no sea buena idea hablar de ello ahora —me advierte viéndome venir.

— Lo sé mamá, pero quiero hacerlo. Pensaba en ella, no puedo evitarlo mamá, me siento atraído por ella.

Mi madre guarda silencio, tal vez piensa lo que decirme.

— Eso ha sido una sorpresa para mí, ¡créeme, Beltrán! Pero eres muy joven y lo que crees que es amor es un simple encaprichamiento, fija tus pensamientos en una chica joven de tu edad y verás cómo desaparecen.

— ¡No mamá, es que me gustan maduras! ¿No lo entiendes?

Contrariada tuerce el gesto.

— ¡Está bien Beltrán! lo que te pido es que te fijes entonces en otra mujer y tengas tus fantasías sexuales con ella, ¿vale?

Asiento por respuesta y ella me acaricia el pelo conciliadoramente.

— La he visto subiéndose las bragas después de hacer un pis en el baño —le digo para su sorpresa.

— ¡Oh Beltrán, sí que eres cabezón! —protesta mi madre ante mi nueva confesión.

— ¡Lo sé madre, pero es que no puedo quitarme esa imagen de la cabeza! —le digo con cierto cabreo.

— Bueno, no pasa nada —dice de nuevo conciliadora—. Esas imágenes tardarán en irse pero se irán si pones empeño en ello, ¿vale?

— Vale, lo intentaré.

— ¿Oye, siento curiosidad por saber qué es eso que le has hecho y que no se ha atrevido a contar Ana Belén?

— Pues, bueno. Es que me he arrodillado delante de ella y le he… le he lamido las bragas —le confieso avergonzado.

Mi madre se queda callada, pienso que eso la ha terminado de escandalizar.

— ¡Oh bueno, pensaba que había sido algo más grave hijo! Eso es todo, no sé, tal vez que le hubieses hecho algo más inconfesable, pero bueno, supongo que lamer las bragas tampoco es tan malo —me dice para mi sorpresa.

Ambos reímos por el tono irónico en que lo menciona.

— Oye, si lo tuyo es lamer bragas, te dejo unas mías, ¡o mejor le robo unas a Ana de la colada sin que se dé cuenta! —añade en tono sarcástico.

— Está bien mamá, realmente parece gracioso cuando lo cuentas —admito.

— Pues claro hijo, eso ha tenido su gracia, confieso que para Ana no, ya que la has asustado, pero en el fondo ha sido gracioso. Imagino que ella lo olvidará y no le dará más vueltas.

6

Al siguiente día Carlos vino a buscarme y no tenía ganas de volver a su casa, a pesar de su insistencia así que se trajo su consola a la mía y jugamos en mi salón.

Terminamos en mi cuarto viendo revistas porno a escondidas mientras mi madre preparaba la comida.

— ¡Jo tío qué ganas de hacerme una paja! —dijo mi amigo con una revista de las más guarras en su mano y la otra en su paquete.

Era un Private, una revista de pequeño formato en comparación con otras que teníamos y que nos intercambiábamos, de las más explícitas e impactantes. Pues por ejemplo siempre capturaban las corridas ‘al vuelo’, es decir, en el aire saliendo del pene del tío.

— ¡Venga tío no hagas eso aquí!

— ¿Por qué, estoy muy cachondo y quiero masturbarme? —preguntó él sin querer oírme.

— Porque es mi cuarto y me la vas a poner perdida con tu porquería —le dije yo molesto arrancándosela de la mano.

— ¡Vamos hombre, vete tú al baño y déjame hacerlo aquí! Prometo no manchar nada —me aseguró.

—Está bien, te confieso que yo también quiero hacerme otra, me iré al baño y te daré tiempo a terminar lo tuyo.

De modo que allí lo dejé y discretamente me retiré al baño a pajearme y admito que la cosa fue bien. Eché el pestillo, me bajé los pantalones y sobre la taza del váter lo hice, lo cual fue una ventaja pues para correrme tan sólo tuve que apuntar adentro y ver cómo mi leche caía en la blanca taza resbalando hasta el agua más abajo.

Cuando volví a mi cuarto mi amigo estaba ‘blanco’.

—¿Qué te pasa tío?

—¡Jo no te lo vas a creer! ¡Ha entrado tu madre y me ha pillado con el rabo en la mano y la revista en la otra!

No sé por qué pero me sonó familiar, mi madre de nuevo entrando sin llamar a mi cuarto y pillando a alguien masturbándose.

—¿En serio? —dije yo riendo.

—No tiene gracia tío —me dijo él alterado—. ¡Qué vergüenza joder! Me tengo que ir, ya terminaré la paja en mi casa.

—Está bien tío, nos vemos si eso a la tarde —dije yo a modo de despedida.

7

Con el rabo entre las piernas, nunca mejor dicho, mi amigo salió de casa, yo le acompañé por cortesía mientras mi madre seguía atareada en la cocina.

Al cerrar la puerta entré a verla.

—¡Hola mamá! Hoy qué vamos a comer —dije como si tal cosa.

—¡Hola hijo! ¡Jo qué corte! ¡He visto a tu amigo masturbándose encima de tu cama!

—Si, me lo ha confesado cuando he vuelto, ¿pero por qué no llamas a la puerta mamá? —le recriminé.

—No sé, pensé que estaríais jugando a la video consola y quería preguntarte si tu amigo quería quedarse a comer. Pero al entrar lo he visto con una revista guarra en la mano y su rabo en la otra, ¡qué barbaridad! —dijo ella escandalizada.

—Bueno, ya empieza a ser tradición eso de que entres al cuarto y cojas a alguien masturbándose —dije yo riendo.

—¡Quita, quita! No me lo recuerdes. Voy a tener que empezar por llamar a la puerta, oye o a lo mejor podemos poner un cartelito de no molestar como es los hoteles, ¿no? —dice riéndose finalmente.

—¡Claro, eso sería una pérdida de intimidad en sí mismo, es como anunciarte: ¡oye, que me estoy masturbando, no entres! —dije yo protestando.

Las carcajadas de mi madre retumbaron por el ojo del patio al que daba la cocina en el edificio donde vivíamos.

8

La comida era sencilla pero sabrosa, no podría decir que fuese una gran cocinera pero lo que hacía lo hacía bien y a mí me gustaba, con eso bastaba.

—Bueno Beltrán, te confieso que la experiencia ha sido turbadora para mí —dijo sonriendo.

—El qué, ¿lo de antes?

—Pues claro hijo, ¡no puedo quitarme de la cabeza la imagen de tu amigo masturbándose! —me confesó terminando de comer.

—¿Te ha gustado su pene? —le pregunté de repente yo por simple curiosidad.

—No es eso hijo, bueno si, admito que tu amigo tiene una buena herramienta y verlo me ha causado cierta impresión, ¡uf, qué calor! —confiesa mi madre para mi sorpresa.

—¿Te lo follarías? Si quieres hago de celestino —dije yo sonriendo con atrevimiento.

—¡Beltrán! ¡Qué cosas tienes hijo! —dijo visiblemente nerviosa.

—Vale, si tú quieres hablo con él sutilmente estoy seguro de que tus encantos le atraen —confesé.

—¿Tú crees? ¿No dirá que estoy gorda? —dijo mi madre con la típica inseguridad femenina.

—¡Jo mamá! Con ese par de tetas y tu culo, yo creo que hasta yo me atrevería —dije yo riendo.

—¡Beltrán, no te pases! —respondió mi madre molesta.

—Vamos mamá, estaba bromeando. Lo digo en serio, si quieres pegarte un restregón con Carlos lo puedo arreglar.

—No sé Beltrán, déjame que lo piense, ¿vale?

—Está bien mamá, tú confía en mí que para eso somos familia —dije yo para terminar la caliente conversación.

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La madre de mi mejor amigo sinopsis:

En esta vida hay cosas que no podemos elegir. Una de ellas es de quién nos enamoramos, pues cuando el amor llega, nos sorprende, nos supera, nos eleva, nos aplasta, nos zarandea como el viento al junco y en esos momentos sólo hay dos opciones: o nos plegamos como el junco y nos entregamos a él, o nos resistimos y la locura hace mella en nuestra alma.

Tal vez digo esto como justificación, pues yo terminé enamorándome de la madre de mi mejor amigo…

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